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viernes, 21 de marzo de 2014

Puse mi barba a remojar

Los años sabáticos tiene un algo de locura fruto del aburrimiento. Debe ser la sensación de libertad mal entendia la que lleva a romper esquemas y probar cosas nuevas. Supongo que si no necesitaras este tipo de rupturas no te tomarías un año sabático, para empezar.

Vamos, que me he dejado barba.

Y estoy follando como nunca.

Juraría, porque me lo han dicho, que lo segundo va íntimamente ligado a lo primero. Aunque me niego a atribuir el incremente exponencial de mis polvos al simple hecho de dejarme crecer pelo. También tendrá que ver la locura y la deshinibición que mencionaba antes. Me temo que ya es tarde para lanzar encuestas al respecto.

Me he convertido en aquello que buscaba a los 18 años: un tipo rozando los cuarenta, con vello a la vista y unas cuantas canas para aderezar. Con piso propio para poder follar. Y una personalidad arrolladora y una sonrisa encantadora y una inteligencia privilegiada y una cuenta corriente abultada y un bulto que nunca falla. Grosso modo.

Lejos del trauma, he abrazado con entusiasmo esta nueva etapa. Literalmente.

El punto de inflexión fue una conversación con un chiquillo en un bar. Él, uno de estos especímenes de veinteañeros que inexplicablemente despliegan una cantidad de pelo y tatuajes impensable en los universitarios de mi época. Son como osos en miniatura, pero sin ser siquiera osos.

Quizá no era exactamente así, pero nos hacemos una idea.

La conversación, en la barra de un bar de ambiente de la ciudad:

Él: Hola, siempre me han gustado mucho los tíos como tú.
Yo: Ah... ¿y cómo soy yo?
Él: Así... maduro, con canas. Interesante...
Yo: Ah...

Debo confesar que siguieron cinco segundos de shock. Es más, me di la vuelta y llamé al camarero  para pedirle otra cerveza. Las páginas de este blog son testigo de que no tengo ningún problema con la palabra "maduro". Al contrario. Pero nunca vi venir el día en que me la aplicarían a mí. Y menos con semejante desparpajo y rotundidad.

Claro que luego caí en la cuenta de que el chaval estaba haciendo una declaración de intenciones en positivo. No estaba muy seguro de cómo se traducía en la práctica lo de que me encontrara "interesante", pero decidí retomar la conversación para ver lo que era.

Por si os encontráis en una situación parecida, os aviso: "interesante" era chupármela hasta el final en el baño del bar y venirse a casa para dejarse penetrar por otros sitios más antes de la hora del desayuno.

Y muy bien. Cerrar ciclos sienta estupendamente. Ya veis que hasta me paso por aquí de nuevo.

Estoy cayendo que ahora que soy capaz de excitarme con esta nueva hornada de cachorros peluditos no es que folle más por tener barba. Es que hay el doble de tíos follables a mi alrededor...

 

martes, 1 de marzo de 2011

Goliath sodomizando a David

Esta fue la constante durante buena parte de mis veintitantos:


Creo que esta foto expresa mejor de lo que soy capaz de explicar mi fascinación temprana por los osos.

Dentro del juego de opuestos que es follar con maduros a los 18 años se incluye este tipo de extremismos físicos: una barriga más grande y dura que mis nalgas; la blancura de mi piel de efebo contrastando con el burdo pelaje del otro. El hombre convertido en oso y, por tanto, provisto de una cualidad animal para el sexo. En aquella época no concebía un hombre pasivo: quería que me follaran a lo bestia; que me procesaran en una trituradora de miembros endurecidos y pelos rasposos.

Nunca he tenido ocasión de hablarlo con ningún oso. Pero sospecho que esta misma pulsión bruta subyace en la fascinación de un oso maduro por el culo de un chaser joven. Las ganas de usarlo, de romperlo. Pero al mismo tiempo de mimarlo y quererlo. Porque si no, ya me diréis qué hace el bruto de la foto con su mano derecha. Marca, pero no empuja. Para eso ya tiene esa panza de curvas perfectas.

sábado, 26 de febrero de 2011

Me gusta comer pollas: también que me follen la boca

Estirando del hilo de lo comer pollas, una última reflexión por el momento. La de hoy tiene que ver con la figura del mamado. El que en otras circunstancias sería el activo, por aquello de meter el miembro dentro de alguien, pero que en el especial contexto de las mamadas se convierte en pasivo. Aunque se mantiene la diferencia entre un pasivo-mueble que se deja hacer como un muerto y un pasivo-activo de los que colabora y mejora la experiencia. Por no hablar del pasivo-agresivo, claro.

Decía la semana pasada que una mamada debería ser una historia entre una boca y un pene. Nada más. En ese sentido, la boca gana por goleada en cuanto a recursos se refiere. Está diseñada para hacer justo el trabajo que se plantea. Poco margen de maniobra tiene el falo, excepto dedicarse precisamente a eso: maniobrar. Pero en cuanto el pene empieza a moverse más de la cuenta nos plantamos en la frontera entre la mamada y algo muy diferente: follarse una boca.



Como dije en su momento, una felación es algo mucho más íntimo e intenso que una penetración anal. Tendré una visión retorcida del romanticismo, pero cuando chupo una polla pongo algo de mí en cada lametón, en el modo de colocar mis labios y mi lengua, en el grado en que envuelvo el miembro con las paredes de mi boca. Y es realmente hermoso conocer el sabor del semen de otro hombre. Mi involucración al dejarme penetrar es igualmente intensa y totalmente orgánica, por supuesto, pero sin tanta tontería de por medio.

Por eso, que un tío irrumpa con su rabo en mi boca y me la folle es prácticamente una violación. Negar las caricias de mi lengua y limitarse a usar la húmeda calidez para el placer propio es humillante... y por eso me mata de morbo.

La cosificación del cuerpo es algo que me puede. La verdad es que es bastante común. Todo pasivo ha fantaseado con el hecho de ser empalado como un pollo a l'ast:



En cualquier caso, la que gusta de recorrer sendas limítrofes con las áreas más pervertidas del comportamiento humano es mi mente. En el mundo real no hace falta convertir cualquier pose dominante del felado en una sesión SM.

La mayoría de felados se limita a gestos de ostentación mínimos. El más común es el de ofrecer su miembro al mamón, ya sea verbalmente "toma, chupa" o con gestos explícitos si el otro se demora más de la cuenta en tonterías.


Una vez en faena, mi consejo al activo es que se relaje y goce. La mayoría no puede reprimir las ganas de extender el vínculo creado con el otro y buscan mayor cercanía usando las manos. Me gusta la idea. De hecho voy a repetir foto porque resume lo que es la perfección para mí:

Polla y cojones hermosísimos, contrapicado, lengua que acaricia y mano que conecta pero no gobierna
De nuevo se plantea el problema de las fronteras. Si bien es normal que el mamado quiera hacer algo con sus manos lo que es completamente inaceptable son esas situaciones en las que la cabeza del mamón queda prisionera de unas zarpas torpes e insensibles. Se arruina todo.


La verdad, como suele ocurrir siempre, se esconde en las estampas más normales y cotidianas.



sábado, 19 de febrero de 2011

Me gusta comer pollas: la técnica

Tras el post de la semana pasada llegamos al quid de la cuestión: ¿cómo nos gusta más comernos una polla? ¿Cómo queremos que nos la coman?

Un activo comentarista de la blogosfera encendió la mecha comentando sus particulares preferencias. Reproduzco su comentario para permanecer fiel a la idea que expuso:

(...) cuando uno come -o a uno le comen- la polla soy del parecer que sólo es la boca la que tiene que intervenir, es decir, que las manos pueden llevarse a la zona donde a nuestro amante (o a nosotros) más complazca (culo, muslos, pecho...), pero la polla sólo debe sentir la humedad y el calor de la boca que ha deseado acogerla.


Esta es una de esas afirmaciones que te hacen pensar sobre el modo en que haces las cosas. ¿Uso yo las manos cuando me trago un rabo? Si lo hago, ¿en qué circunstancias? ¿Mejoraría la experiencia no hacerlo cuando lo hago o hacerlo cuando no lo hago?

Tras una concienzuda documentación, experimentación y reflexión he llegado a la conclusión de que sí, estoy de acuerdo, en lo que a comer pollas se refiere las manos sobran.

Lo primero que me viene a la mente cuando relaciono "usar las manos" con "mamada" son las trampitas que hacía de jovenzuelo cuando, por el motivo que sea, quería hacer creer a mi felado que me estaba tragando su sable hasta el alma misma. Colocada convenientemente, una mano se convierte en un tope que nos ahorra esfuerzo pero mantiene el calorcito. Definitivamente, es una opción para vagos y/o cobardes.

¿Veis? La puntita, nada más.

De cualquier modo, siempre habrá momentos puntuales en los que las manos se conviertan en aliados necesarios para llevar la cosa a buen puerto. Y nunca mejor dicho cuando la posición del mamado convertiría el tragarse su rabo en un juego de contorsión y habilidad extrema:



 O también cuando nos salimos del clásico guión uno-contra-uno:
 

Pero una vez salvada esta parte, convengo en que la propia felación debe ser un trabajo puramente bucal: una comunión entre la boca y el miembro viril.



El factor humedad que señala el lector del comentario es vital. Pero, al mismo tiempo, la boca ofrece un punto de unión mucho más significativo. Es mucho más personal e íntimo meterse una polla en la boca que por el culo. La penetración anal es puro instinto, la reproducción de algo que llevamos escrito en los genes desde hace miles de años. La implicación de dejarte penetrar puede llegar a ser mínima: te tumbas, abres el esfínter y ya está. A partir de ahí puedes dedicarte a hacer sudokus mientras esperas que el refrote del activo culmine en su eyaculación. Cuando te comes una polla TE LA COMES: usas hasta el último recurso de tu boca (menos los dientes; no es aconsejable) para procurar placer. Esa misma boca con la que hablas, comes, ríes y besas. Hay una diferencia radical entre acoger un pene en tu cabeza misma que al final de tu tracto intestinal.

En definitiva: chupar pollas es lo más maricón que puedes llegar a hacer. Procura recordarlo la próxima vez que acompañes a tu esposa a las rebajas de El Corte Inglés.

sábado, 12 de febrero de 2011

Me gusta comer pollas: la materia prima

Alguna vez he comentado aquí lo liberador que es tener un blog anónimo para poder decir burradas con todas las letras. Entendiendo como burradas cosas que no dirías en la sobremesa del domingo en casa de tus padres. Hoy suelto otra: me gusta comer pollas.


Lo mejor es que no sólo lo puedes poner de titular y escribir ampliamente sobre ello. Luego viene alguien que comenta sobre ello. Y luego otro. Y quizá otro más. Finalmente se genera debate sobre un tema común: nos gusta comer pollas. Y tu confesión se convierte en algo compartido, lo cual es muy bonito. A Cuca le daría un ataque. Pero es bonito.

Hace un tiempo surgió no sé dónde este tema. Ya no sé si fue aquí o en Vellohomo. O fue un comentario cruzado de alguien. No sé. La cuestión es que alguien puso sobre la mesa el debate de cuál es el mejor modo de comerse una polla. Así que le he dado vueltas al asunto y compartirlo en un par de entradas específicas. He aquí la primera:

La materia prima

Incluso a estas alturas de comepollas indiscriminado sé distinguir una buena polla de otra no tan buena. Malas no hay, claro. Pero igual que hay muchos que no sabemos cantar, hay pollas que no se han hecho para mamar. Seguramente sean maravillosas para otros menesteres. Pero no para llevarlas a la boca. 

El factor apetitoso de un miembro está, por supuesto, en la mente del mamador. A veces el instinto de mamón puede más y aparcas tu cabecita a un lado para sacarle brillo a un sable anodino. Pero siempre tenemos unos principios. Si no proceden, tememos otros.

Las pollas que disfruta más mamando tienen la mayoría de estos rasgos: 

1) Grandes

Me da igual que el tamaño importe o no. Pero en una buena comida de polla hay un factor decisivo: el recorrido. Debes poder pasar tu lengua y tus labios de un extremo a otro del miembro. Si no hay extremos, si tu boca es igual de ancha que largo es el pene, hay que cambiar la estrategia. Y no es lo mismo.

Mira... no.

 2) "Uncut"

Disculpad el anglicismo. Pero lo de "cortadas" y "sin cortar" me parece realmente significativo. Da la medida de lo que me parecen las pollas circuncidadas. Hablo, claro, desde una perspectiva 100% mamona. Curiosamente, para la penetración anal me motiva mucho más una polla sin pellejo. Como si tanto repliegue de piel pudiera entorpecer la mecánica penetradora del miembro. Pero, en cambio, un prepucio es lo más divertido que te puedas echar a la boca: lo subes, lo bajas, metes la puntita de la lengua por debajo, lo usas cual parabrisas para repartir el líquido preseminal por el glande...

Oh, sí.
3) Definidas

Hay tipos que tienen entre las piernas un manojo de piel y pelos, donde lo más representativo que encuentras son venas gruesas. No motiva nada acercarse a mamar un rabo mientras en tu cabeza suena el glugluteo de un pavo.

De todos mdos, no quiero hacer apología de las macroerecciones. A la foto anterior me remito. Al final parecerá que lo que quiero es una polla de dureza y tersura comparable al latex. Me molan los rabos reales. Aunque eso sí con cierto sentido de la proporción y la estética.

Como dicen, los extremos son malísimos:

Es que ni una ni otra. Sobre todo la otra, también es cierto.
4) Con cojones

Por culpa de este blog he ido desarrollando una filia por los cojones de los tíos que antes no tenía. Igualmente, y disculpad el juego de palabras, siempre había incluido todo el paquete en mis mamadas. Pero es que ahora voy descubriendo una fuente de poder erótico y de posibilidades de juego que antes no veía.

sábado, 29 de enero de 2011

Propósitos de 2011

El hecho de tener un blog sobre un tema concreto parece que te dé una pátina de tipo experimentado y de vuelta de todo. No es el caso. Hay muchas cosas que me quedan por probar en esta vida. De la mano de un maduro, se entiende. Ésta es mi pequeña lista de propósitos de año nuevo. La expongo públicamente porque es totalmente impúdica y cerda. Y porque de la cantidad de gente que  me lee alguien se animará... ¿no? Os recuerdo que mi dirección de correo está en la columna de la derecha, hacia el final de la página. Para todo aquello que no os atreváis a proponer en los comentarios.

Follar con un supermaduro

En mi época dorada recuerdo haber follado con tíos que me triplicaban la edad. Me volvía loco de morbo la simple idea. "No es que pueda ser tu padre... es que puede ser TU ABUELO". Llegados a la treintena las matemáticas juegan en mi contra. Y la biología, claro. Dudo que haya nonagenarios en condiciones de cerdeo del bueno. Pero nunca es tarde para recuperar la atención por los segmentos de edad extremos.
Claro que, con la suerte que tengo para ligar, posiblemente mi deseo me lleve a consumar con otro concepto de supermaduro. Más español y cercano:



Probar con un negro

Lo mío son los japoneses, ya lo sabéis. Y los ingleses. Nunca me ha dado un tremendo fetichismo por los amantes "de color". Pero ya va siendo hora de probar, ¿no? Once you go black...


Participar en una orgía

De las de verdad, no de las de sauna. Mi sueño adolescente, de la época de pasivo voraz, tiene forma de gangbang: un número n de tíos taladrando mi culo. Y n tendiendo a infinito, claro.


Ahora que ya mis años de obsesión anal han dado paso a una voracidad mucho más amplia, me atrae lo mismo o incluso más algo más del estilo "todos contra todos". Folla bien y no mires con quien.

Lo práctico de estos propósitos es que no son excluyentes. Por ejemplo, algo así sería lo que dicen "matar dos pájaros de un tiro":

Rodar una peli porno

Ahora es muy fácil. No hay página de videos guarros que no ofrezca la posibilidad de convertirse en uno de sus modelos. Por ejemplo esta o esta.

Sería la culminación de mi vena exhibicionista. Y de mi ego a medio desarrollar. Tener una web propia con mis fotos profesionales de guarro -profesional-. Viendo lo que hay por ahí, hay mercado de sobras para mí.

Tener un perfil PRO

El propósito anterior quizás es muy ambicioso a corto plazo. No creo que HotOlderMale me contrate a estas alturas. Pero puedo empezar por tener el perfil más potente de este lado del charco. Siempre me han parecido curiosos los fotográfos que se han hecho conocidos en el mundillo por realizar las fotos de los perfiles de la gente. Ya va siendo hora de que yo también haga homenaje a mi propia belleza del momento, ¿no?

Contarlo

En este blog, claro. ¿Para qué querría yo probar todas estas cosas nuevas y excitantes, si no?


domingo, 15 de agosto de 2010

El bosque

"El bosque" suele ser el modo en que la gente se refiere a una zona de cruising. Hay zonas muy céntricas, parques en mitad de avenidas incluso. Pero la mayoría de sexo furtivo se hace en sitios remotos, de acceso complicado y con muchos recovecos para esconderse.


Para mi éste es el modo de sexo más sórdido y cutre que hay. Buscar polla entre los matorrales. Peor aún: encontrarla y aparearte de la forma más animal posible. No hay ningún rastro de civilización en esto. No son lugares construidos para el sexo. No hay vestuarios ni duchas. Ni siquiera hay la pretensión social de ir a tomar una copa y acabar con una polla en la boca. Si vas al bosque es porque la determinación de follar con un hombre te tiene completamente poseído.

Quien me siga un poco ya habrá pillado que la idea me atrae más que me repele. Hay veces en que mi masoquismo es tan extremo que me impongo a mí mismo la humillación de ser usado del modo más sucio posible.


 "Ir al bosque" para mí es totalmente diferente a "follar en el coche". He follado mucho al aire libre, pero era debido a las circunstancias. Conoces a un tío, te mola, quieres follar y váis juntos a desahogaros donde buenamente se puede. Cuando vas al bosque te exhibes y estás dispuesto a correrte con el primero que te entre.

La parte de exhibición es otro poderoso punto a favor del cruising. Me gusta mucho que me miren. Sea en la situación que sea (de activo, de pasivo, en una mamada...). Sea con la intenciòn que sea (pedir permiso para unirse, pajearse desde la distancia...). Follar es un ejercicio de ego también y la sensación de triunfo en estos casos es casi embriagadora. Me siento el más hermoso y experto actor porno si un tipo se detiene a mirar mientras me follan, aunque el que me penetre sea un ogro y el que mire un trol del bosque.


Por si no hubiera suficientes alicientes, aún queda uno más. El que más morbo me da. Los tíos que buscan sexo furtivo suelen ser los más heteros de todos. Hetero entendido como armariado, claro. Nadie que necesite otro rabo para correrse puede llamarse hetero.

Entendedme: no me gustan los heteros. Pero ya sabéis la atracción brutal que siento hacia los casados. Los bosques están llenos de hombres que, si no están literalmente casados, sí están esposados a sus creencias, cultura, religión o situación social. Son hombres que ni pueden plantearse buscar sexo siguiendo algún código lo liturgia socialmente gay: ligar en un bar, pagar la entrada de una sauna, exhibirse en una web de contactos...

Sexo sucio, furtivo, prohibido, primario... ¡Qué bien que hace buen tiempo!

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sábado, 17 de julio de 2010

Uso y abuso

A veces me espanto de lo sumiso que soy. Sumiso entendido como hombre entregado al placer de otro hombre. Como ya he explicado, sumiso se nace.

Me da lo mismo que el otro desee azotarme hasta cansarse o darme besitos hasta que se le duerman los labios. Me encanta entregarme a lo que de verdad al otro le gusta. Jugar a lo que sea. Pero con sus reglas.

Entrega es la palabra clave: una vez he aceptado explícita o implícitamente el dominio del otro, hay pocos límites. Hay tíos que te lo plantean en términos de humillación, pero para mi no es eso. No me he sentido humillado cuando me he visto envuelto en situaciones límite. Al contrario: me he sentido elevado por el hecho de hacer gozar a otro hombre y ponerle en un estado mental de éxtasis.
Las relaciones más duras que he tenido han sido las más satisfactorias, en todos los sentidos. El sexo es algo físico y, por tanto, físicamente debes darlo todo en un polvo. Acabar hecho trizas. Resollando. Con agujetas. Sudado. Por otro lado, llegar juntos hasta el límite (quizá un poco más allá) requiere complicidad, comunión, conectar a un nivel más profundo que el físico. Sin llegar al cariño, ni al amor. Mucho menos al respeto. Conseguir encontrar ese punto perfecto es sumamente satisfactorio.



Imágenes como ésta me resultan increiblemente poderosas. No hay teatro ni artilugios. No hay ni mazmorras hechas un asco ni accesorios de cuero. Hay un chico que se entrega y un hombre que coge lo que le dan. Sin remilgos. Con seguridad.

Vuelvo siempre a las manos: las manos del activo, que ordenan y mandan. Apresan al otro en una posición de entrega total. Las manos del pasivo, crispadas. ¿Es dolor o placer? Será lo mismo que expresa esa boca abierta en un jadeo, quizá un grito. Está en la frontera entre el uso y el abuso.

Me encanta la fragilidad del pasivo: ese cuerpo blanquito, delgado y bien definido. La redondez de sus nalgas, que seguro han provocado que ahora el chaval esté mordiendo el colchón en ese rictus congestionado. ¿Había previsto que se lo follaran con tanta rotundidad cuando inició sus cantos de sirena?

Me admira la actitud del activo: tranquilo, sin exageraciones ni poses peliculeras. Se está tomando su tiempo para follarse ese culo. Da igual que el chaval gima, grite, se retuerza o llore. Lo tiene donde lo quiere tener y los disfruta como le da la gana.

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domingo, 20 de junio de 2010

Rimming: tengo un interruptor en el ano

Me vuelve loco que me coman el culo.



Es algo que me pone en un estado totalmente perro y muy salido. Es el interruptor que consigue mi sumisión y entrega absoluta.

Como ya he comentado, no creo en que los roles estén repartidos antes de empezar a jugar. Pero no es menos cierto que no puedo resistir con dignidad que un macho grande y peludo me separe las nalgas con sus sucias manos y me abra el ojete a lametazos. Menos aún si además me lo hace trizas con su barba.

Es imposible mantener el rictus de masculinidad en esta situación. Tampoco digo que sea algo femenino. Pero creo que es la práctica en la que más estás a la merced del otro. 

Yo he llegado a correrme solamente con una buena comida de culo. Sólo me ha pasado con un hombre, muy concreto y especial. No sólo era una cuestión técnica. Conseguía llevarme a un estado mental de placer absoluto. Seguro que si me veis los que no os gustan los chicos con pluma os habríais asustado. Pero en el sexo la deshinibición lo es todo.

Lo recuerdo con un poderoso sentimiento de morbo. Mi culo abierto en canal: las nalgas separadas al máximo, mi agujero dilatado hasta casi darse la vuelta como un calcetín y un frío intenso debido al contacto de la saliva de mi macho con el aire. Su mentón barbudo, acuchillando mi tierna piel en cada movimiento. Y, resultado de ese cosquilleo en lo más hondo de mi culo, un estremecimiento en esa zona que mantiene mi polla erecta, dura como una piedra. Al final: del cosquilleo surge un orgasmo lento y arrítmico. Me corro: el semen sale lentamente de la punta de mi polla. Es una reacción física. Sé que no me sentiré saciado y pediré a mi macho que me folle brutalmente en unos minutos. Pero es TAN inevitable correrme ya...

lunes, 14 de junio de 2010

Hasta de los peores polvos se aprende

Después de salir del cascarón empieza un proceso de aprendizaje. Lo llaman vida, de hecho. Dicen que se aprende a base de golpes y yo creo que es cierto. Hay algunos golpes que duelen y otros no tanto. Los hay que los ves venir y, aún así, sientes que es necesario dártelos.

Del segundo hombre que me folló no recuerdo el nombre. Llevaba un tiempo siendo la putita de Goyo y decidí que ya era tiempo de liberarme. Expandir horizontes. Aprender a volar. La experiencia tuvo momentos brutales y otros patéticos. Pero sobre todo fue eso: EXPERIENCIA.

He conocido a chicos (y hombres) que buscan un ideal. Esperan a que llegue alguien. A fuerza de esperar se quedan sin hacer nada. Creo que eso está bien, mientras lo lleves bien. Porque hay quien se amarga sabiendo que está dejando perder oportunidades. Yo, sinceramente, prefiero un mal polvo del que aprenda algo que follar con mi estereotipo de polvo perfecto un polvazo que se pueda filmar en cine.

¿Cosas que aprendí con Segundo?

Que voy donde sea por un polvo

El hombre vivía como a una hora de tren de donde vivo. Aún así, cogí el tren y me planté ahí. Luego cuando, en los chats y páginas de contactos, veo gente que si no quedas en el momento se siente insultada, me da la risa.

El sexo a ciegas es morboso

Quedé con Segundo antes de la era de Internet. La primera vez que nos vimos fue en la estación, cuando me vino a buscar en coche. Aún así yo iba decidido a follar, fuera como fuera. Así de salidos íbamos los adolescentes hace dos décadas.

A dilatar

Con Goyo siempre había problemas para meterla. Con Segundo fue todo facilísimo. Me sentí aún más puta cuando me encontré con su polla clavada hasta los huevos sin apenas esfuerzo. Sí, así de salido iba.

Que esta postura es la mejor



Seguramente esté relacionado con lo anterior. Pero desde entonces me enloquece que me lo hagan así.

O mucho mejor así:


 Que pretender lo que no es sale caro

Segundo era claramente un hombre casado. Ambos sabíamos claramente lo que estaba pasando ahí. Además, me folló en su casa. Por bien que fuera el polvo las probabilidades de volver eran casi nulas. Entonces, si tan claro estaba, ¿por qué esta escena en el coche, de vuelta al tren?

- Uy, me he dejado el reloj en tu baño, después de ducharme
- Vaya, ¿volvemos y lo coges?
- No, no… Ya me lo das la próxima vez que nos veamos.

¡¡¡”La próxima vez que nos veamos”!!! ¿Inocente? No. Yo sabía que no volvería a ese baño nunca. Por tanto, lo único que se puede decir es que fui gilipollas.

Que el Yakutin es lo mejor para las ladillas

No daré más detalles.

¿Me arrepiento de haber follado con Segundo? Por supuesto que no. Al contrario. El rato que estuvimos en la cama fue brutal. Una de mis mejores folladas, casi casi mi primera vez. Por lo menos la primera sin el corte de rollo de estar intentando meterla 5 minutos de reloj. Y además del buen rato me llevé un par de lecciones de vida de las que más vale aprender pronto. Un reloj y unos cuantos picores son un precio asequible.

viernes, 26 de marzo de 2010

Sofá: bonus track


No puedo evitar sonreir al ver esta foto. ¡La de veces que me han follado así!

La escena del sofá

Disfruto mucho de los preliminares del sexo. No tiene por qué ser seducción propiamente. La caza descarada y burda de una sauna también me mola. Está claro que la ambientación del polvo es importante para mí.

Uno de los puntos que me gusta explotar es la subversión. La sensación de no estar haciendo algo bueno. De dejar la moral en casa. Mis polvos más épicos son poco confesables, por lo sórdido. Por eso los quiero compartir desde el anonimato de internet.

Pero siempre, siempre, hay un momento de normalidad antes de la locura. Por más bajo que llegue a caer durante el polvo, hay un momento de flirteo, cita previa, conversación amigable. Disfruto esta parte también. Mucho.

Es un momento de tanteo. Sobre todo en las citas de Internet, cuando tienes a la persona cara a cara por primera vez. En mi caso es algo más. Si quedo con alguien es porque estoy seguro de que por mi parte habrá sexo. No necesito el físico para predisponerme a follar. Yo lo que hago en estos momentos es anticiparme al contraste que tanto me pone. Cuanto más majo y agradable sea el otro en la cita, más me gusta que luego caiga en el cerdeo más desatado.

Por ejemplo, siempre me ha hecho mucha gracia que cuando llegas al lugar de la cita el saludo es totalmente ridículo. Se suelen dar dos besos; hay quien incluso te da la mano. La tensión sexual está en el ambiente, seguramente le hayas visto la polla y el ojo del culo al que tienes delante, pero se saluda así.

Mi momento favorito es el del sofá.

FASE 0: llegar al sofá

Puede ser que para llegar ahí hayas tenido que tomarte una cocacola sin ganas en una terraza, superando una conversación amena e inteligente pero con un punto picante. A mí me gusta especialmente esta opción, porque al juego de la conversación se añade un extra: el polvo se decide en cuanto el que pone el sitio te invita a casa. Es decir, en cuanto despegas el culo de la silla sabes que vas a follar. Si luego hay sofá es todo aún más excitante.

La alternativa es que hayas llegado directamente a casa del otro. Eso indica que hay muchas ganas de follar. Lo cual es perfecto desde mi punto de vista, porque te estás sentando en el sofá por una convención social ridícula que hace que no te vayas directo a la cama.

FASE 1: hablar del tiempo

Primero, sea cual sea el tema de la conversación, el lenguaje corporal está hablando de otra cosa distinta. Se trata de colocarse a huevo, pero de manera descuidada. Provocar el contacto sin que se note. No bloquear la acometida del otro en cuanto se produzca.

Luego, está el tema de llevar la parte oral al terreno de lo físico. Dar el pie de texto que haga saltar la chispa. Hay quien es hábil en eso y resulta incluso gracioso el giro que usa en la conversación para empezar lo bueno. Pero también hay quien es más torpe, o va más salido, y decide cortar por lo sano: Silencio. Paréntesis más o menos largo. Incluso se suelta algún suspiro para resetear contadores. Y entonces empieza la fase del vicio. En estos casos es aún más evidente el final de la pantomima y el punto de inflexión en la actitud.

FASE 2: chispazo

El primer morreo suele ser el pistoletazo de salida. Aunque me gusta mucho más que haya algún otro tipo de roce previo. La mano en la entrepierna tanteando el paquete suele ser infalible.
Es un momento corto pero de vital importancia: se tantea la mercancía y se da la aprobación definitiva. La sonrisa torcida en plan vicioso es el modo más normal de hacerlo. Personalmente prefiero el gruñido de aprobación con algún comentario salido de contexto.



FASE 3: olvidarse que se está en un sofá

Aquí empieza el polvo propiamente dicho. El sexo se hace concreto. Me gusta mucho esta fase porque es cuando empiezan a saltar los seguros de lo racional. Es cuando le comes la polla al otro por encima del slip la gente gime como si fuera peli porno. Cuando tu camiseta se enrolla sobre si misma de un modo ridículo para dejar libre acceso a tus pezones. Cuando el mando a distancia aparece en tu cadera o le pegas una patada a la mesita del teléfono.



FASE 4: liberarse

En el momento en que es evidente que la cosa tiene que ir a más, hay que tomar una decisión: o se traslada la acción a la cama o se pervierte el uso del sofá. Sobra decir que prefiero la segunda. Pero la decisión se suele tomar después de un momento que me encanta: quitarse cada uno la ropa, liquidando lo que los cuatro magreos torpes de antes hayan empezado.


Típica escena: cada uno lo suyo. Sin mirarse. El sexo se interrumpe. Desnudarse es un trámite.


FASE 5: confirmar la elección del sitio (también llamada “follada de baja intensidad”)

Una vez desnudos, se suele retomar exactamente lo que se estaba haciendo para derivar rápidamente al modo en que se hubiera hecho de no estar en un sofá. Por ejemplo: después de conseguir liberar tus cojones de la presa del slip y el pantalón, es evidente que el otro te quiere comer el ojal, porque su lengua intenta meterse ridículamente por la abertura de la bragueta y reseguir hacia dentro. Entonces, te quitas los pantalones y te vuelves a sentar exactamente como estabas, para que el otro te coma los cojones como hacía antes. Y sólo después de 30 segundos te recuestas hacia atrás y te separas las nalgas para ofrecer el agujero.


Para el caso que nos ocupa: es mucho más fácil comerse una polla así que arqueándose lateralmente y plegándose sobre uno mismo porque se acaba el tresillo.


FASE 6: rematar la faena (o “follada de alta intensidad”)

Confieso que me cuesta no haberme corrido ya al llegar a esta fase. Para mí suele ser excesivo haberme estado refrotando desnudo con el sofá de otra persona. Este punto gamberro me puede. Poner mi ojete dilatado sobre el punto donde mañana pueda sentarse una suegra ochentona, toda dignidad. Que me coman la polla mientras mis ojos repasan las fotos familiares de la gente. Agarrarme al hogareño tapete que recubre el respaldo mientras me penetran y me gritan que soy una puta y una perra y que si quiero más polla.



FASE 7: “oh díos mío!”


El orgasmo libera. Y con la mente clara la gente suele empezar a darse cuenta de lo que ha hecho en el fragor de la batalla. Me divierte comprobar si la tapicería ha quedado mancha de sudor. O si las corridas han caído en lugares comprometedores. Mi semen en un sofá ajeno me produce un hormigueo de satisfacción.



La vuelta a la normalidad también trae de nuevo las convenciones sociales. La charla. Volverse a vestir y recuperar la compostura. Pero ahora en un clima de intimidad muy disfrutable. Eso se nota, por ejemplo, en que al despedirte te suelen dar un beso largo y caliente. Nada de dos besos en las mejillas. Mucho menos la mano.

Y para recapitular, una secuencia rápida pero que sigue el mismo esquema:


"No nos miramos"

"Nos lo complicamos"
"Nos apañamos"

El morbo de follar a pelo

No pretendo hacer apología del bareback. Incluso si he usado la palabra “morbo” en el título es porque viene del latín morbus: ENFERMEDAD.

Pero en la vida del cazamaduros lo del condón cuesta:

Por generación 

Los nacidos a partir de los 70 hemos desarrollado nuestra sexualidad con toda la información disponible y con el uso del preservativo naturalizado. Pero los maduros de hoy son los que empezaron a tener relaciones sexuales antes de la oleada del SIDA. Se tuvieron que adaptar. Algunos lo consiguieron, otros no.

Por heterosexuales 

Según mi experiencia, el hombre casado (y maduro) asocia condón con contracepción. La preocupación es dejar embarazada a la parienta. Pero si la mujer toma la píldora o no hay posibilidad de embarazo por cualquier otro motivo, se folla a pelo. Es como si los casados no fueran promiscuos o no pudieran contraer enfermedades de transmisión sexual.

Por tanto, para un casado lo de tener un desliz con el culito de alguien tiene riesgo cero. Morbo mil. Claro.

Por impotentes 

“Es que si me pongo goma se me baja enseguida”. Poco más que añadir, ¿verdad? Todos lo hemos oído e incluso dicho alguna vez.

Por sórdidos 

Follar en un bosque o un descampado tiene serios problemas logísticos. Cuando entras en una sauna te dan un solo condón, aunque luego hay zonas claramente diseñadas para el sexo en grupo.

A veces el sexo ocurre. Puede que no estés depilado. Puedes llevar un frenazo en el calzoncillo. Puede que no se te haya pasado por la cabeza llevar un condón en la cartera.


Repito: no quiero hacer apología de nada. Pero éste es mi blog y ésta es mi experiencia. Mi primera penetración fue con un hombre casado. A pelo. Estuvimos follando durante mucho tiempo, siempre a pelo. Creo que esa relación me marcó.

Después de él vinieron más. Yo era joven y lo que quería por encima de todo era gustar. Por tanto, siempre dejaba que el otro manejara la situación entera, incluyendo el tema del condón. Por supuesto, una inmensa mayoría de ellos ni siquiera mencionaba la posibilidad de usarlo. Para mí, que había sido iniciado sin la necesidad de usarlo, ya estaba bien.

Yo no me compré mi primera caja de preservativos hasta 4 ó 5 años después de haber empezado a mantener relaciones sexuales. Y creo que caducaron la mitad. En todo ese tiempo hice verdaderas locuras. Iré contando algunas de ellas. También me he llevado varios sustos. Espero contar algunos de ellos igualmente, porque forman parte de las experiencias que cuenta este blog.


Insisto: no quiero fomentar el bareback. Es más: lo que quiero fomentar es el sentido de la responsabilidad y la madurez en el sexo.

Estamos en un momento delicado. Parece que los contagios de VIH repuntan. Hemos reducido el SIDA a una enfermedad crónica de ésas de tomarse cuatro pastillas. Ésa es la idea con la que se inician en el sexo los veinteañeros de ahora. Y la guardia se baja. Y siempre hay otro tío queriendo hacerlo a pelo.

Pero precisamente por todo esto sí que tengo necesidad de decir algo a través de este blog. Sobre todo a los chicos jóvenes que puedan leerme:

Si folláis a pelo, que no sea por NINGUNA de las razones expuestas más arriba. Que NADIE os imponga lo que tenéis que hacer. Muchísimo menos si es con algún argumento cutre esgrimido por un tipo que se cree más listo que tú. No hay ningún motivo racional por el que se folle a pelo, así que las cartas sobre la mesa. Follar a pelo es solamente 

POR VICIO

Esto NO ES SEXY

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