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martes, 1 de febrero de 2011
domingo, 15 de agosto de 2010
El bosque
"El bosque" suele ser el modo en que la gente se refiere a una zona de cruising. Hay zonas muy céntricas, parques en mitad de avenidas incluso. Pero la mayoría de sexo furtivo se hace en sitios remotos, de acceso complicado y con muchos recovecos para esconderse.
Para mi éste es el modo de sexo más sórdido y cutre que hay. Buscar polla entre los matorrales. Peor aún: encontrarla y aparearte de la forma más animal posible. No hay ningún rastro de civilización en esto. No son lugares construidos para el sexo. No hay vestuarios ni duchas. Ni siquiera hay la pretensión social de ir a tomar una copa y acabar con una polla en la boca. Si vas al bosque es porque la determinación de follar con un hombre te tiene completamente poseído.
Quien me siga un poco ya habrá pillado que la idea me atrae más que me repele. Hay veces en que mi masoquismo es tan extremo que me impongo a mí mismo la humillación de ser usado del modo más sucio posible.
"Ir al bosque" para mí es totalmente diferente a "follar en el coche". He follado mucho al aire libre, pero era debido a las circunstancias. Conoces a un tío, te mola, quieres follar y váis juntos a desahogaros donde buenamente se puede. Cuando vas al bosque te exhibes y estás dispuesto a correrte con el primero que te entre.
La parte de exhibición es otro poderoso punto a favor del cruising. Me gusta mucho que me miren. Sea en la situación que sea (de activo, de pasivo, en una mamada...). Sea con la intenciòn que sea (pedir permiso para unirse, pajearse desde la distancia...). Follar es un ejercicio de ego también y la sensación de triunfo en estos casos es casi embriagadora. Me siento el más hermoso y experto actor porno si un tipo se detiene a mirar mientras me follan, aunque el que me penetre sea un ogro y el que mire un trol del bosque.
Por si no hubiera suficientes alicientes, aún queda uno más. El que más morbo me da. Los tíos que buscan sexo furtivo suelen ser los más heteros de todos. Hetero entendido como armariado, claro. Nadie que necesite otro rabo para correrse puede llamarse hetero.
Entendedme: no me gustan los heteros. Pero ya sabéis la atracción brutal que siento hacia los casados. Los bosques están llenos de hombres que, si no están literalmente casados, sí están esposados a sus creencias, cultura, religión o situación social. Son hombres que ni pueden plantearse buscar sexo siguiendo algún código lo liturgia socialmente gay: ligar en un bar, pagar la entrada de una sauna, exhibirse en una web de contactos...
Sexo sucio, furtivo, prohibido, primario... ¡Qué bien que hace buen tiempo!
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miércoles, 16 de junio de 2010
En el asiento de atrás
Que te follen en un coche es una de las cosas más sórdidas que hay. Por eso me gusta tanto. Tiene ingredientes únicos para convertirlo en una experiencia entre humillante y excitante:
El motivo
Te suelen follar en el coche cuando no queda más remedio. No hay casa. No hay apartamento por horas. No hay sauna. Es como follarte en una zona de cruising pero con el “agravante” de que mejor si no nos ve nadie. Barato y escondido. A un paso de la vergüenza y la culpa.
El entorno
El sitio donde se deja el coche es, en sí mismo, lo más cutre que se pueda. Suele ser un sitio donde a nadie se le ocurriría pasar. A veces es un follódromo donde los coches aparcan a una distancia prudencial los unos de los otros y ves que todos están al lío con las ventanillas cubiertas de vaho. Muy triste pero muy vicioso.
Lo incómodo
Depende del coche. Pero, en general, el habitáculo es pequeño y lleno de obstáculos, como la infame palanca de cambios. Si alguien consigue meterte la polla por el culo y mover las caderas en un sitio así es que tiene MUCHAS ganas de follarte.
La higiene
Prepárate a oler a macho durante todo el trayecto de vuelta a casa. Un par de kleenex no solucionarán el sudor de haber estado haciendo ejercicio en un sitio tan mal ventilado. En este caso “sexo seguro” significa que el semen caerá dentro del condón, no en la tapicería.
El antes y el después
Un coche sigue siendo un coche. Aunque lo uses para el vicio más sucio. Sabes que cuando te bajes alguien se subirá: esposa, hijos, compañeros de trabajo… El coche no es un sitio anónimo como un hotel o una sauna, donde tu perversión queda atrás flotando en el aire como un fantasma. Tampoco es un sitio íntimo como el dormitorio, donde cada uno es amo y señor de su espacio. El coche es social y se comparte. Donde tú te corriste anoche se sentará alguien mañana.
Ahora que lo pienso… Que te follen en un coche es una de las cosas más bonitas que hay. Una muestra de confianza sin igual. Algo precioso.
domingo, 9 de mayo de 2010
Los apartamentos por horas
Al principio frecuentaba mucho los apartamentos por horas. Tenía un amante fijo, casado, y no había muchas más opciones. Luego dejé de usarlos y hace mucho que no piso uno. Confieso que los echo de menos porque tienen ese toque sórdido y cutre que tanto me gusta.
Elegir un apartamento por horas es optar por lo más discreto. Es esconderse. Incluso hay apartamentos modernos que tienen un sistema de puertas y pasillos que hacen que no te puedas cruzar con otras personas que usen otros apartamentos. Esto por sí mismo ya tiene una gran dosis de morbo. Aunque la cosa es mucho más intensa si hay un genuino motivo por el que esconderse: hombres armariados, esposas cornudas, parejas celosas…
Estas situaciones me hacen sentir especial. Tantas molestias y precauciones son para follar conmigo. No se suele hacer a boleo ni por probar. Cuando un tío paga una habitación de estas es porque está seguro de lo que quiere. Y lo que quiere es a mí. O lo que yo hago. Sería muy desagradecido por mi parte no mostrarme sumamente complaciente.
En mi caso siempre vinculo estas situaciones con cierto rol sumiso. Nunca he ido en condiciones de igualdad a un sitio de estos. Nunca he pagado yo, ni siquiera a medias. Siempre lo ha organizado todo el otro: elegido el sitio, reservado, pagado. Yo era la estrella invitada, el chavalín inexperto y complaciente. OK, lo diré con todas las letras: la putita que iba ahí a poner la boca y el culo para placer del patrón.
Por otro lado, los apartamentos tienen ese rollo impersonal y cutre. Las cortinas, la colcha, la tapicería del sofá… suele ser barata y horrorosa. Hay cuadros del todo a cien y elementos que más que decorar, deprimen. He visto algunos incluso con cocina completa. Pero todos, absolutamente todos, eran picaderos inequívocos. Madrigueras hechas para el sexo. No puedo evitar visualizar e imaginar lo que otros hayan hecho en ese mismo lugar.
Otro factor importante y fundamental en estos sitios: el tiempo. Si los llaman “por horas” por algo será. Hay que aprovechar el tiempo: el sexo lo llena TODO. Por eso el momento de cerrar la puerta es tan divertido: has estado actuando como dos tíos que andan juntos, que no se note nada, que no nos vea nadie; pero al cerrar la puerta explotan las ganas reprimidas.
Recuerdo con mucho cariño esa época. Aunque volviera a algún sitio así supongo que las cosas serían diferentes. El estado mental de entonces no sería repetible, después de tantas experiencias y de haber hecho lo mismo en otros sitios mucho más sexuales. Pero en estos apartamentos es donde nació mi desinhibición y mis pocos escrúpulos para el sexo, además de potenciar mi sumisión y ganas de complacer a mi hombre.
Elegir un apartamento por horas es optar por lo más discreto. Es esconderse. Incluso hay apartamentos modernos que tienen un sistema de puertas y pasillos que hacen que no te puedas cruzar con otras personas que usen otros apartamentos. Esto por sí mismo ya tiene una gran dosis de morbo. Aunque la cosa es mucho más intensa si hay un genuino motivo por el que esconderse: hombres armariados, esposas cornudas, parejas celosas…
Estas situaciones me hacen sentir especial. Tantas molestias y precauciones son para follar conmigo. No se suele hacer a boleo ni por probar. Cuando un tío paga una habitación de estas es porque está seguro de lo que quiere. Y lo que quiere es a mí. O lo que yo hago. Sería muy desagradecido por mi parte no mostrarme sumamente complaciente.
En mi caso siempre vinculo estas situaciones con cierto rol sumiso. Nunca he ido en condiciones de igualdad a un sitio de estos. Nunca he pagado yo, ni siquiera a medias. Siempre lo ha organizado todo el otro: elegido el sitio, reservado, pagado. Yo era la estrella invitada, el chavalín inexperto y complaciente. OK, lo diré con todas las letras: la putita que iba ahí a poner la boca y el culo para placer del patrón.
Por otro lado, los apartamentos tienen ese rollo impersonal y cutre. Las cortinas, la colcha, la tapicería del sofá… suele ser barata y horrorosa. Hay cuadros del todo a cien y elementos que más que decorar, deprimen. He visto algunos incluso con cocina completa. Pero todos, absolutamente todos, eran picaderos inequívocos. Madrigueras hechas para el sexo. No puedo evitar visualizar e imaginar lo que otros hayan hecho en ese mismo lugar.
Otro factor importante y fundamental en estos sitios: el tiempo. Si los llaman “por horas” por algo será. Hay que aprovechar el tiempo: el sexo lo llena TODO. Por eso el momento de cerrar la puerta es tan divertido: has estado actuando como dos tíos que andan juntos, que no se note nada, que no nos vea nadie; pero al cerrar la puerta explotan las ganas reprimidas.
Recuerdo con mucho cariño esa época. Aunque volviera a algún sitio así supongo que las cosas serían diferentes. El estado mental de entonces no sería repetible, después de tantas experiencias y de haber hecho lo mismo en otros sitios mucho más sexuales. Pero en estos apartamentos es donde nació mi desinhibición y mis pocos escrúpulos para el sexo, además de potenciar mi sumisión y ganas de complacer a mi hombre.
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