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domingo, 29 de enero de 2012

Vacaciones en la era global

Vacaciones nudistas. Ese gran momento de absoluta libertad que quieres compartir con tus amigos en formato digital.

"¡Mirad, tíos! En pelota picada... ¡y en un pedazo de yate!"

Una vez has subido tus fotos al reino del internet, pierdes completamente tu control sobre ellas. Lo mismo que Lucía Etxebarría sobre sus preciadas novelas. Y tus estampas de machorrez sobrada acaban ilustrando diferentes blogs de tipos salidos que se relamen con masculinidades como la tuya.


Hasta que uno de ellos, un chavalín que se pirra por los maduros calvos y peludos, y acaba dándose cuenta de que se ha pajeado varias veces frente al mismo tipo "no profesional". La misma perfección en la forma del cráneo, el mismo cuerpo modelado en el gimnasio pero sin obsesionarse, las deliciosas canas en el pecho y, por si queda alguna duda en las fotos pilladas más de lejos, el mismo tatuaje de marinero borracho y las mismas gafasde folclórica en la estación del AVE.

Buscando en su carpeta de porno robado, el chaval en cuestión te acaba reconociendo no sólo ya por el contexto vacacional. Aunque parezcas otro, mayor y con otras gafas, al final te delata el divino escoramiento de tu "treasure trail" justo debajo del pecho.


 

Así que aquí estás. En el blog de este chico salidorro, reunido y condensado para mayor difusión de tu leyenda.
 


sábado, 4 de diciembre de 2010

Italocerdo

A estas alturas no es raro que alguna foto tuya comprometida haya acabado donde no debe. Todos nos metimos en internet en su momento sin ser muy conscientes de hasta dónde podría llegar. Pero si actualmente te has convertido en elemento recurrente de los blogs de tíos cerdos es todo tu culpa. Eres un exhibicionista sin pudor alguno.

Lo mejor de estos famosos anónimos es que permiten inventarte un trasfondo que adorne el instinto primitivo que todos despiertan. Así  las pajas son más divertidas.

Hoy os traigo a... Italocerdo.


No se por qué, pero este hombre me evoca un aire italiano. Quizás es porque le sentaría de muerte una camiseta imperio llena de mugre, con lamparones de salsa boloñesa reseca. Pero al cabo de unas cuantos fotos descubrí que por lo menos su dominio de mail es francés.


Qué cosas tiene el acoso encubierto. De todos modos, para mí será Italocerdo hasta el final de sus días.

De más está hablar de la cara, tez curtida y pelos silvestres de Italocerdo. Ya lo véis. A mi, además, me fascina un elemento que siempre está presente en sus fotos: su reloj.


Este pedazo de peluco es un reloj de padre de familia. El que suele llevar también una cruz de Caravaca al cuello. De camionero de área de servicio que busca bocas tragonas. Descargar los cojones.

Pero además de su colección de relojes retro, Italocerdo tiene una colección importante de sofás y butacas. O por lo menos eso es lo que se desprende del hecho de que siempre salga recostado en uno diferente.


Como habéis podido ver, Italocerdo se caracteriza por adoptar básicamente una solo pose: sobacos al aire. Las únicas variaciones radican en el brazo que airea. Yo a un tío con esa cara, ese tono de piel y esos pelos silvestres no puedo más que atribuirle un intenso olor corporal que predispone al cerdeo. Si ya está sucio, no creo que le importe pringarse más.

Me dan unas ganas terribles de mearlo de la cabeza a los pies. Deleitarme en el efecto de los pelos húmedos y rellenarlo por todos los agujeros disponibles. Y mira que soy más de zapatos que de zapas.

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