domingo, 22 de noviembre de 2009

Perdiendo la cabeza

Uno de los efectos colaterales de que te gusten maduros es que no puedes presentarles los ligues a tus padres así como así. Si a tu madre le dices que estás liado con un señor maduro seguramente piense que vas a la ópera y luego de cena fina con un señor como éste.






Tu madre lo imagina también con smoking



Lo que seguramente no entiendan jamás es que pasas el tiempo follando como conejos y haciendo que el esperma que serviría para darles nietos termine rebozando la barrigota de un señor como éste.

"Vengo del bosque, de petar unos cuantos ojales"

Pero que no se me malinterprete. Soy consciente de que George Clooney es más guapo que el señor del cruising. Seguramente en frío busque a uno así. Lo que no hay que olvidar nunca es el sexo es algo CALIENTE.

En caliente he hecho muchas cosas que jamás me hubiera planteado. Eso incluye haber follado con mucha gente que en otras circunstancias ni siquiera habría mirado. Vayamos más allá: he follado con hombres que incluso me repelían. ¿Por qué? Pues porque el vicio en sí mismo me puede. Soy capaz de convertir un estímulo desagradable y anticlímax, como el que un señor que no me gusta nada de nada me esté a punto de penetrar, en un motivo de morbo. Disfruto de ese momento precisamente porque el tipo que me está follando no me gusta.

Algunas de las historias que me gustaría contar en este blog describen este tipo de situaciones en el que llego a un punto de no retorno. Sinceramente, es lo que más me gusta del sexo: llegar a desinhibirme de un modo tan absoluto como ese. Suele ocurrir en lugares públicos, claro. Si quedo con alguien por internet voy siempre sobre seguro y más “en frío”. Además suele ser una sesión privada. La suerte de tener mi punto exhibicionista es que las posibilidades se multiplican.

Lo más divertido es que, para empezar, el concepto de hombre que me gusta y el que no es muy personal, como el de todos. Seguramente cada lector habrá tenido una imagen mental de ese hombre “asqueroso” del que hablaba antes y habrá pocas coincidencias. Cuanto menos con la mía propia. Un efebo de 20 años depilado podría ser ese señor anticlímax para mí, recordémoslo.


Según mi retorcida libido, EN FRÍO, ambas opciones son igual de apetecibles.

Me apetece tomar un caso práctico. En la página older4me hay una selección de películas porno protagonizadas por maduros. Ahí hay maduros que me gustan mucho, otros que no me gustan nada y otros que me dan igual. Estos últimos son los peores, claro.

Os presento a Anthony:

Este hombre no tiene nada que me atraiga. Como mucho, la edad y el traje. No digo que no sea feo: es actor porno y ha pasado castings y selecciones para estar ahí. Su público tendrá. Pero no soy yo.

Imaginemos que me encuentro a Anthony en el parque. O en una sauna. Pasaría de largo, de eso estoy seguro. Pero, ¿qué ocurre si él me entra a mí para decirme que si me monto algo con él y dos amigos suyos como éstos?


Anthony me sigue poniendo poco o nada. El de la izquierda de la imagen no es mi tipo (odio los tatuajes masivos) pero tiene mucho más morbo. El de la derecha de la imagen es un cerdo total. ¿Suficiente para montar una follada a cuatro? De sobras. ¿Que puestos en faena vienen dos Anthonys más a la fiesta? ¡Que se vengan!

Al final resulta que Anthony tiene un cuerpecito medio peludo muy apetecible. Y unas ganas terribles de usar su boca. ¿Cómo desperdiciar ese por un prejuicio?

jueves, 19 de noviembre de 2009

Padre de familia

Me gustan los hombres casados. Son mi especialidad. Reúnen todo el vicio que puede tener un hombre maduro: su físico me excita y suelen forzar situaciones súper morbosas por aquello de que su sexo es furtivo.

Además, los tabúes: ser usado como instrumento de adulterio; jugar la doble moral de un homosexual en el armario; follar con alguien que no sólo podría ser tu padre sino que, efectivamente, tiene hijos de tu edad.

Pero todo esto vino de adulto. Antes de eso todo era mucho más casual. No elegí que me gustaran los hombres y tampoco preferí por mí mismo los maduros. Hay un momento en mi preadolescencia en que tomé conciencia de que me fijaba de un modo especial en cierto tipo de hombres. ¿Curiosidad por saber cómo sería mi cuerpo en el futuro? ¿Fascinación por un modelo de masculinidad? ¿Instinto sexual latente? Bueno… ya dije que aunque este blog sea muy freudiano sólo pretendo explicarme, no analizarme.

El hecho es que, mirando atrás, desde siempre me he fijado en el señor Manolo que lleva a su prole a la playa y espera echándose una siesta a que la parienta saque el tupper con la tortilla de patatas.

Calvo, canoso y peludo. Canas incluso en el vello del pecho. Objetivo cumplido. Vamos para nota: piernas y pies excitantes; el bronceado le da un aire más rudo.


Simplemente ocurrió que, cuando empecé a tener relaciones sexuales, empezara con este tipo de hombres de sexualidad tosca, alejada completamente de cualquier canon. O eso pensaba yo, claro. Luego resulta que hay toda una corriente admiradora de este tipo de ejemplares masculinos.

La ironía era que este modelo de hombre tan cercano, del cual me cruzaba cuarenta cada vez que iba a la playa, era el más inalcanzable para un chaval de mi edad y condición. ¿Cómo te acercas a un hombre así en su contexto habitual? ¿Qué le dices para llamar su atención sobre tus intenciones? No puedes ser directo porque no puedes asumir absolutamente nada.

- Hola, señor, sé que está vigilando que la nena no se ahogue en el agua pero, ¿tiene un momento?
- Sí, claro, majo.
- Verá, es que lo vi de lejos y me llamó la atención su cabecita canosa, con ese peinado tan formal. Me la imagino entre mis piernas, mientras usted me chupa el rabo.
- Ah, muy bien. Pues luego cuando me haya comido el bocata de lomo te llevo al coche y te pego la mamada de tu vida, chaval.
- ¡Estupendo! Será genial correrme en esa barriguita peluda.


Ya tendré tiempo de contar cómo logré mi objetivo. Hoy toca hablar de los hombres casados.

Con ellos siempre he tenido ventaja. Es muy fácil ligar con ellos. La explicación amable es que el hecho de estar fuera del ambiente los ha salvado del prejuicio y la tontería. La explicación menos piadosa es que van tan salidos que follarían con cualquiera. En cualquier caso: mejor para mí. No hay nada mejor que tener éxito entre el tipo de hombres que te gusta.

¡Y éste me gusta mucho!


Habitat

El contacto por Internet o medio equivalente es el modo más fácil de ligar con un casado. El anonimato los desata. Luego queda el tema de encontrar un sitio, lo que suele significar alquilar una habitación por horas o irse a la sauna.

Por otro lado, la sauna es el sitio que prefiero para ir a la aventura, sin ligue previo. Hay otros, pero no tienen ducha. Supongo que en las zonas de cruising tradicionales (bosques, playas, aseos públicos) abundan los casados. Pero esa es una asignatura pendiente que tengo.

Actitud

Si un casado liga conmigo es porque le gusta el rollo de la diferencia de edad. Jugar al papi. Además, soy un chico especialmente complaciente. Por eso, no tengo un rol definido con los casados. Me excita charlar con ellos de lo que esperan de mí. Hacerles ver que conmigo pueden hacer lo que quieran. Que ya que están ahí, se desahoguen bien y hagan conmigo lo que no pueden hacer en casa.

Esto a veces lleva chascos. A menudo me ha pasado que el otro sólo quería sexo oral: precisamente su mujer lo que no le hace es mamársela. No es problema en sí mismo, claro, pero hay veces que tu instinto clama otras cosas. También están los que quieren que uno de los dos adopte un rol femenino; me gusta ser la putita de alguien pero ponerme lencería es ciertamente demasiado. En el otro extremo, la excesiva masculinidad del papá hace que a veces se pongan en un plan dominante muy mal entendido.

Perversiones

Pero cuando el rollo funciona bien, realmente soy capaz de todo. Me gusta el sexo sórdido y no tengo tabúes. Cuando tu recorrido mental ya asume seducir a determinado tipo de hombre, realmente todo lo que viene detrás ya va en el lote.

¿Estará viendo el futbol?
¿Querrá echar una meadita entre birra y birra?

En mi feliz e inexperta juventud follé muchísimo a pelo. Es otro rasgo de los hombres casados: abominan de los condones. No tengo reparos en decir que desde siempre yo lo he preferido así. Otra cosa es lo que dicte el sentido común, que vas adquiriendo con el tiempo y la experiencia. Sigo sano y follo seguro. Pero me siento como un exfumador. Y soy tan radical ahora con el condón como los exfumadores con los cigarrillos.

Por más que hable de papis, daddies y demás jamás he tenido ni el más mínimo pensamiento impuro con el mío propio. Ni con nadie de la familia. Pero sí recuerdo con cariño una situación curiosa: ser penetrado a cuatro patas en el sofá de un sesentón, orientado casualmente hacia una mesita con la foto de un casicuarentón que también me había enculado varias veces. Su hijo, me contó luego. Jamás me atreví a sugerir un trío. Me arrepiento tanto…

Hablando de tríos, y a pesar de que jamás he sentido atracción por una mujer, últimamente me ronda la idea de formalizar el outing de un casado. ¿No sería hermoso que su esposa compartiera el momento en que su amado por fin se expresa libremente?

sábado, 14 de noviembre de 2009

¿Por qué con maduros?

En mi caso lo de ser homosexual no es algo que me haya tenido que cuestionar en algún momento. Mi historia de autoaceptación es simple y aburrida: ni siquiera me planteé que me pudieran gustar las mujeres.

Del mismo modo, tampoco me puse a intentar entender por qué me gustaban cierto tipo de hombres y por qué otros no. Hay quien tiene en sus compañeros de pupitre sus primeros amores platónicos. Los míos estaban en el lado de los profesores. En ese momento creo que ni siquiera le veía el lado sexual al asunto.

La lectura freudiana vino luego, de adulto. Cuando mis gustos sexuales (lo que me excita, lo que me satisface) pasaron a ser un rasgo de mi identidad, incluso a nivel social, bajo el eufemismo de “tendencia sexual”. Fue entonces cuando todo el mundo (conocidos o no, homosexuales o no) parecía interesado en que le diera explicaciones sobre lo que me pone cachondo.

Es jodido que las dudas me surgieran tras haberme empezado a relacionar con el grupo de personas que mejor me podía comprender. En ese momento empecé a escuchar los primeros reproches: “¿Ese viejo te gusta?”, “Qué asco me dan los gordos”, “Deberías juntarte con gente de tu edad”.

Aprendí entonces que el mundo funciona por estereotipos y creé el mío. Ante la pregunta “¿Por qué maduros?” terminé desarrollando siempre el mismo guión, basado en el cliché:

- porque los prefiero masculinos,
lo cual es muy abstracto;
- porque me gustan con vello, pero es que hay jóvenes que también tienen;
- porque me molan calvos, aunque ahora todo el mundo se afeita la cabeza;
- porque las canas me parecen sexy, y llegando a este punto algo ridículo, mejor explorar otros factores.
- porque los hombres son activos, lo malo es que yo también soy hombre y no sé cómo decírtelo,
- porque los machos son dominantes, pero hay mucho payaso suelto.

Lo peor de todo es que jugando a hacer cuadrar el círculo he perdido muchas oportunidades de tener buenas relaciones con hombres que valían la pena. Uno no puede ir diciendo por ahí que le gustan machos, peludos, rapados y dominantes y luego pretender que los papis cariñosos, lampiños y pasivos te hagan caso. En esta sociedad en la que todos tenemos la foto de nuestro culo en internet, en un perfil estadísticamente medido, los matices y excepciones son complicados.

Pero al revés: he sufrido el acoso y derribo de hombres a los que, siguiendo la lógica, debería haber amado con locura. Veamos por ejemplo un caso aleatorio de maduro peludo y canoso (desconocemos si es activo o dominante):

Al final, después de años de experiencias, no me he dado cuenta de nada que no sepamos todos ya: somos complejos y contradictorios. No me sirven los clichés pero no puedo evitar caer seducido ante ellos; usarlos incluso. Y es que, además, resulta inútil darle vueltas al lado racional a nuestra pulsión más instintiva y animal. Ponedme delante al señor de la foto anterior en una sauna, de madrugada, después de haberme tirado semanas sin follar. Veremos lo que pasa.

Resumiendo, estoy igual que cuando tenía 12 años: no tengo ni idea de por qué me gustan los hombres que me gustan; no me preocupa demasiado llegar a entenderme y lo que importa al final es disfrutar sin manías ni complejos. ¡Pero si puede ser con un maduro peludo y activo mejor! ¡Ay qué lío!

sábado, 7 de noviembre de 2009

Con maduros… siempre

Ser adolescente no es fácil. Ser homosexual, tampoco. Las dos cosas juntas solía ser especialmente duro. Si, además, te gustan los hombres maduros más vale tener mucho sentido del humor. Yo fui uno de estos chavales y me temo que gasto una ironía demasiado ácida para lo que sería normal.

Ahora, que ya he pasado de los 30, mis preferencias se centran en hombres que me superen generosamente en edad. Se está poniendo especialmente duro, porque tengo que empezar a luchar contra el prejuicio y el estereotipo. Ya no soy veinteañero y ya no tengo el desnudo dato de la edad como arma de folle infalible.

Es irónico, porque justamente ir contra el estereotipo es lo que hice todo este tiempo: preferir al maduro fondoncete antes que al efebo prieto. Lo malo es que, sin ser plenamente consciente, yo mismo explotaba un cliché. Y ya decía aquélla que siempre habrá alguien más joven bajando la escalera detrás de ti.

Por tanto, me toca apechugar y buscar otros modos de obtener lo que deseo. Por otro lado, tengo un historial de relaciones daddy-son a mis espaldas bastante interesante. Supongo que la conjunción de ambas cosas ha hecho que cree este blog: recordar lo que hice y reflexionar sobre lo que haré.

Como todos los blogs, lo hago para mí. Pero también espero que le sirva a alguien. A jóvenes que piensen que sus gustos son raros. O que vayan a cometer los mismos errores que yo cometí. A maduros que estén aburridos en sus casas. Para ellos: en persona soy mejor. A lectores ajenos a la movida pero que, sin esperarlo, lo que vean y lean aquí les llegue de algún modo.

Por ese motivo, me interesan especialmente vuestros comentarios. No os cortéis. Sé que hay gente que suele seguir blogs durante meses y nunca da su opinión. No me gustaría que fuera el caso de éste. ¡Sed bienvenidos!
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