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martes, 26 de abril de 2011

El follador follado


Insistiendo en las mamadas... qué poderosa es esta foto.

¿Algún activocentrista es capaz de decir que al maduro en cuestión le están follando la boca?

Esos brazos, esas manos, están dominando completamente la escena. Ese modo de estrujar la nalga izquierda del muchacho resulta definitiva. Casi parece que esté exprimiendo el recipiente para asegurarse hasta la última gota de semen.

El pobre chavalín estaba condenado de antemano. Esa postura precaria, a punto de caerse a pesar de tener la postura dominante, sólo hace que confirmar lo que el fantástico físico del maduro indica a las claras.

Esas planchas que tiene por pectorales, el vientre firme, las venas de sus muslos... todo en este tío es sólido. Hasta la perfecta bola que forman sus cojones. Los amantes del vello quizá hayan arrugado el ceño frustrados por ese pubis recortado. Pero, ¿acaso el resto de pilosidad de este madurazo no compensa cualquier retoque estético?

La masculinidad de este pedazo de ejemplar de hombre está tan fuera de toda duda, irradia de un modo tan rotundo... que por más que tenga claro que el jovenzuelo es un niñato sin gracia casi me dan ganas de penetrarlo a traición en ese momento de torpe debilidad. ¡La testosterona está en el aire!

miércoles, 16 de marzo de 2011

El té de las cinco

Los mamones integrales gozamos jugando con los cojones de nuestros amantes. Nuestras insaciables bocas desean llenarse también de esas bolsas quehan dado incluso nombre a una actividad sexual: tea bag.


Una de esas fotos perfectas hasta en el último detalle: las arrugas del glande, la barba y bigote del mamón, su cráneo afeitado, la barriga del mamado...

Lo de meterse los cojones de un tío en la boca, enteros y a pares, es pura voracidad. Una hipérbole análoga al fist fucking. Ganas de forzar el límite de un modo que nos excita en sí mismo. Incluso si los huevos son pequeños, hay un sentimiento de logro delicioso. Confío en que el gustito proporcionado sea por lo menos comparable.

Por otro lado, los testículos no dejan de ser la zona más frágil de nuestra anatomía. Un golpe mal dado y podemos arruinar no ya el acto sexual concreto sino incluso la vida entera del otro. Disponer de ellos es un acto de importante intimidad y confianza.



Por eso, cuando la cosa se pone violenta, hay un plus de morbo. El tea bag no lo es todo: a mí por ejemplo me encanta succionar el escroto. Estirar el pellejo y hacer bailar el testículo. Sacudir al otro desde lo más hondo. Tiene su arte, porque con la erección todo el conjunto tiende a hacer piña y replegarse contra la base del pene. Los cojones se ponen pequeños y duros y ya no son tan disfrutables.

En mi experiencia encontré sinergias interesantes con una actividad que, casualmente, es adorada por osos y/o maduros: el face sitting.


Esta es, posiblemente, una de las prácticas más infraexplotadas que existe. Por lo menos en mi experiencia. Al final he acabado asociándola con viejos orcos que confunden ejercer su autoridad con expresar una desidia totalmente inaceptable en un encuentro sexual. Pero eso es materia para otra entrada...



sábado, 12 de febrero de 2011

Me gusta comer pollas: la materia prima

Alguna vez he comentado aquí lo liberador que es tener un blog anónimo para poder decir burradas con todas las letras. Entendiendo como burradas cosas que no dirías en la sobremesa del domingo en casa de tus padres. Hoy suelto otra: me gusta comer pollas.


Lo mejor es que no sólo lo puedes poner de titular y escribir ampliamente sobre ello. Luego viene alguien que comenta sobre ello. Y luego otro. Y quizá otro más. Finalmente se genera debate sobre un tema común: nos gusta comer pollas. Y tu confesión se convierte en algo compartido, lo cual es muy bonito. A Cuca le daría un ataque. Pero es bonito.

Hace un tiempo surgió no sé dónde este tema. Ya no sé si fue aquí o en Vellohomo. O fue un comentario cruzado de alguien. No sé. La cuestión es que alguien puso sobre la mesa el debate de cuál es el mejor modo de comerse una polla. Así que le he dado vueltas al asunto y compartirlo en un par de entradas específicas. He aquí la primera:

La materia prima

Incluso a estas alturas de comepollas indiscriminado sé distinguir una buena polla de otra no tan buena. Malas no hay, claro. Pero igual que hay muchos que no sabemos cantar, hay pollas que no se han hecho para mamar. Seguramente sean maravillosas para otros menesteres. Pero no para llevarlas a la boca. 

El factor apetitoso de un miembro está, por supuesto, en la mente del mamador. A veces el instinto de mamón puede más y aparcas tu cabecita a un lado para sacarle brillo a un sable anodino. Pero siempre tenemos unos principios. Si no proceden, tememos otros.

Las pollas que disfruta más mamando tienen la mayoría de estos rasgos: 

1) Grandes

Me da igual que el tamaño importe o no. Pero en una buena comida de polla hay un factor decisivo: el recorrido. Debes poder pasar tu lengua y tus labios de un extremo a otro del miembro. Si no hay extremos, si tu boca es igual de ancha que largo es el pene, hay que cambiar la estrategia. Y no es lo mismo.

Mira... no.

 2) "Uncut"

Disculpad el anglicismo. Pero lo de "cortadas" y "sin cortar" me parece realmente significativo. Da la medida de lo que me parecen las pollas circuncidadas. Hablo, claro, desde una perspectiva 100% mamona. Curiosamente, para la penetración anal me motiva mucho más una polla sin pellejo. Como si tanto repliegue de piel pudiera entorpecer la mecánica penetradora del miembro. Pero, en cambio, un prepucio es lo más divertido que te puedas echar a la boca: lo subes, lo bajas, metes la puntita de la lengua por debajo, lo usas cual parabrisas para repartir el líquido preseminal por el glande...

Oh, sí.
3) Definidas

Hay tipos que tienen entre las piernas un manojo de piel y pelos, donde lo más representativo que encuentras son venas gruesas. No motiva nada acercarse a mamar un rabo mientras en tu cabeza suena el glugluteo de un pavo.

De todos mdos, no quiero hacer apología de las macroerecciones. A la foto anterior me remito. Al final parecerá que lo que quiero es una polla de dureza y tersura comparable al latex. Me molan los rabos reales. Aunque eso sí con cierto sentido de la proporción y la estética.

Como dicen, los extremos son malísimos:

Es que ni una ni otra. Sobre todo la otra, también es cierto.
4) Con cojones

Por culpa de este blog he ido desarrollando una filia por los cojones de los tíos que antes no tenía. Igualmente, y disculpad el juego de palabras, siempre había incluido todo el paquete en mis mamadas. Pero es que ahora voy descubriendo una fuente de poder erótico y de posibilidades de juego que antes no veía.

martes, 21 de diciembre de 2010

Me lo como por los pies

Loco me tiene aquí el abuelo con ese pedazo de pie. Rotundo y poderoso a la vez que bello. Como de escultura. No sé quién es el fotógrafo ni qué efecto perseguía. Seguramente no era consciente de conseguir subrayar de tal forma la pierna del modelo. Se me antoja realmente que esa parte cobra independencia total del resto, tanta es la fuerza que transmite. En algún momento a medio muslo esa pierna se convierte en algo más. Un fetiche sexual de innegable poder que me despierta un deseo irrefrenable. 

La llamada del fetiche es inaplazable. Me lanzaría de cabeza a fundirme con ese pie. Dejar que ese curtido miembro abrase mi delicada piel. Meterme esos dedos redondeados en la boca y recorrerlos de mil modos.Me preocupa poco lo que haya más allá de ese pie. Así que si el fuego de mi combustión enciende la mecha no seré yo el que se eche para atrás. A veces la gente alucina de los tíos que me follo. Yo el primero, la verdad. Pero a veces la potencia de un estímulo es tanta que actúa de pantalla para todo lo demás.

Seguramente cuando tanto yo como el tipo este nos hayamos corrido lo miraré con otros ojos. Cuando deje de obsesionarme su pie, el conjunto no tendrá el aplomo de una escultura clásica. Ese bigotillo fascistoide me dará risa en vez del morbo del sumiso que busca un tirano sexual. 

O quizá no... A lo mejor caigo en mi propia trampa. En la ceguera del gueto. Este tío tiene un maravilloso par de cojones y un cuerpo estupendo recubierto de una pelambrera  muy sexy. Suficiente para pedir más de él. También tiene acceso a un yate. No olvidemos esta parte.

Lo peor: que nunca me encontraré en posición de saberlo. Nunca le chuparé el pie izquierdo y nunca me correré en su pecho. Así que soñar es bonito. Por eso quiero hacer perdurar mi sueño en esta entrada.

martes, 14 de septiembre de 2010

Los cojones

¡Cojones!

He caído seducido por un par de cojones.

Estos cojones:
No os he contado sobre mis fijaciones sobre los testículos de mis hombres porque nunca la he tenido. Pero estoy dispuesto a postrarme a venerar este símbolo de masculinidad, fertilidad, poderío y lo que queráis. 

Ese pliegue de piel que los divide me inflama. Ahora mismo muevo la lengua dentro de mi boca en un acto reflejo, queriendo reseguir esa línea incluso en la distancia.

Nunca pensé que la ausencia total de pelo me excitaría de este modo. Pero debo reconocer que este hermoso par de bolas no sería tan bello y accesible con una mata estorbando.
En serio: no es sólo el tamaño. Esa textura, el color... Esta foto es literalmente DESEO. Deseo de lamer, de chupar, de meterlos en mi boca. ¿Me cabrán ambos a la vez? Por una vez la polla no es protagonista. Le ha salido un poderoso robaplanos. Aunque verla ahí aprisionada, cohibida, también resulta extrañamente excitante.
Liberado de cadenas y ataduras, el deseo explota: ganas de mamar esa polla. De recorrerla infinitas veces arriba y abajo. De ese capullo desafiante a unos hermosos cojones que a esas alturas ya serían íntimos de mi lengua. Mamar y chupar, detenido en ese momento, como si no hubiera un después. Tener esa polla explorando mi interior mientras esos cojones rebotan en la puerta trasera de mi cuerpo es sólo una posibilidad. Una de tantas excitantes y maravillosas posibilidades.

¿El culpable de haberme seducido? Un señor que anda muy cerca y al que le doy las gracias por haberme dejado volar un rato de su mano. Bueno... quizá no exactamente de su mano...




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