Este año me pilla en un rollo muy zen. No criticaré ni el cartel, ni la fiesta, ni la fiesta en la piscina, ni nada. Tampoco volveré con el rollete de que los osos antes eran una cosa y ahora son esto:
Por supuesto, no iré a ningún evento del festival. Pero si algo he aprendido en este año en el que he estado escondido es a no abundar en el mal karma, que ya hay suficiente podedumbre por ahí.
Así que os dejo este hermoso video que, para mí, contiene todo lo bueno del mundo osuno. Menos los pezones.
Semana Santa es sinónimo de Bearcelona, la convención internacional de osos y alrededores. Del mismo modo que el puente del Pilar es para Guadalkibear y el puente de la Constitución es para Madbear, todo el mundo sabe que en Pascua hay que ir a Barcelona a quitarse la camiseta. Aprovechando el repunte lujurioso de la primavera y el hecho de que el lunes es festivo en la ciudad, un montón de gente se congrega en una exaltación del pelo y la grasa.
Al principio yo era bastante escéptico con este tipo de KDD. Porque al principio eran eso: KeDaDas. O sea, la gente de una misma ciudad que se conocían virtualmente acababan quedando en masa por aquello de estrechar los lazos.Yo era joven e irreflexivo, así que increpaba a mis cyberosos sobre lo grosero de montar orgías públicas con tanta desfachatez. Nos enzarzábamos, así, en discusiones flamígeras donde ellos defendían los valores osunos (fraternidad, buenrollismo, diversión...) y yo pretendía desenmascarar su vicio (bearvoyeurismo, bearbollerismo...).
Posiblemente ése era el problema: el bearcentrismo. Estamos hablando de hace más de 10 años. En aquél entonces yo era un efebo delgado que rozaba apenas la veintena. Lo que se viene a llamar un chaser, habida cuenta de que me molaban tiparracos enormes y llenos de pelo que la mayoria de veces me doblaban la edad. El mundo, y concretamente el mundo bear, puede ser muy cruel. Y excluyente. Así que una reunión de osos no era precisamente el ambiente más amable que podía imaginar. Que me dijeran que era una cosa de hermanamiento y fraternidad, por tanto, me daba la risa floja. Y cierto odio fruto de la envidia de no tener ni las carnes ni los pelos para formar parte de la pandilla. Pero, al mismo, tiempo, tampoco iba tan desencaminado si, precisamente, lo de sentirse bienvenido en la fiesta era una cuestión de físico.
Como siempre, la verdad se encuentra en un punto medio. POR SUPUESTO que el sexo está omnipresente en una reunión de homosexuales que comparten los mismos gustos. Y POR SUPUESTO que uno puede asistir a absolutamente todas las fiestas del evento y salir virgen. Sí, una de ellas se desarrolla en una sauna gay. Pero, ¿acaso no hemos salido todos alguna vez de una saun gay sin haber consumado? Pues eso.
Sea por lo que sea, lo cierto es que las primeras reuniones fueron un éxito. Obviando cualquier chiste barato, lo cierto es que los asistentes pronto desbordaron los consabidos locales bear de la ciudad. O sea, el par o tres que había. Así que el evento pronto tuvo que ir buscando otras localizaciones fuera del gueto y crecer a lo bestia. Algún día alguien escribirá sus memorias sobre esos años y narrará las guerras de poder interinas.
La eclosión de Bearcelona me pilló ya desenganchado del mundo oso. Aun así el evento me perseguía y seguía consciente de su presencia año tras año. Así que tengo mi propia perspectiva de cómo el evento se fue abriendo a cada vez más público y haciéndose cada vez más visible. Incluso hubo un año en el que llenaron el Eixample de banderolas publicitarias.
Ahora caigo en que Bearcelona-evento ha fagocitado totalmente a Bearcelona-organización. Recuerdo con nostalgia esos tiempos en los que me colaba en la página web de la organización furtivamente para ver las fotos de los integrantes del grupo y leer su lista de correo. Ahora en esa misma web no hay ni rastro de personas, sólo de eventos. ¿Hasta qué punto están los unos detrás de lo otro?
Siendo Bearcelona lo que es ahora, un evento con miles de personas congregadas en una gran ciudad, está claro que el factor orgía es mucho más accesorio que antes. Ahora de verdad hay gente que va ahí a pasárselo bien sin quitarse la ropa. Aunque las camisetas vuelan a la mínima. Eso es parte de la iconografía del evento.
Entonces.. si ahora Bearcelona es realmente una fiesta abierta, aunque sea por motivos de pura estadística demográfica, ¿por qué sigo teniendo problemas con ello? Once ediciones y sigo sin haber pisado una sola de sus fiestas. Y eso que ahora he ganado carne suficiente como para encender a más de uno y de dos osobollos. Pues ni idea. Supongo que porque la idea misma de aglomeración me causa pereza. Y que las fiestas osas se diferencian poco ya del rollo clubber de lo que en mis tiempos llamábamos musculocas.
Sí, queridos lectores. Soy como la gata Flora. Pero estábais avisados: tengo un blog.
Los mamones integrales gozamos jugando con los cojones de nuestros amantes. Nuestras insaciables bocas desean llenarse también de esas bolsas quehan dado incluso nombre a una actividad sexual: tea bag.
Una de esas fotos perfectas hasta en el último detalle: las arrugas del glande, la barba y bigote del mamón, su cráneo afeitado, la barriga del mamado...
Lo de meterse los cojones de un tío en la boca, enteros y a pares, es pura voracidad. Una hipérbole análoga al fist fucking. Ganas de forzar el límite de un modo que nos excita en sí mismo. Incluso si los huevos son pequeños, hay un sentimiento de logro delicioso. Confío en que el gustito proporcionado sea por lo menos comparable.
Por otro lado, los testículos no dejan de ser la zona más frágil de nuestra anatomía. Un golpe mal dado y podemos arruinar no ya el acto sexual concreto sino incluso la vida entera del otro. Disponer de ellos es un acto de importante intimidad y confianza.
Por eso, cuando la cosa se pone violenta, hay un plus de morbo. El tea bag no lo es todo: a mí por ejemplo me encanta succionar el escroto. Estirar el pellejo y hacer bailar el testículo. Sacudir al otro desde lo más hondo. Tiene su arte, porque con la erección todo el conjunto tiende a hacer piña y replegarse contra la base del pene. Los cojones se ponen pequeños y duros y ya no son tan disfrutables.
En mi experiencia encontré sinergias interesantes con una actividad que, casualmente, es adorada por osos y/o maduros: el face sitting.
Esta es, posiblemente, una de las prácticas más infraexplotadas que existe. Por lo menos en mi experiencia. Al final he acabado asociándola con viejos orcos que confunden ejercer su autoridad con expresar una desidia totalmente inaceptable en un encuentro sexual. Pero eso es materia para otra entrada...
Esta fue la constante durante buena parte de mis veintitantos:
Creo que esta foto expresa mejor de lo que soy capaz de explicar mi fascinación temprana por los osos.
Dentro del juego de opuestos que es follar con maduros a los 18 años se incluye este tipo de extremismos físicos: una barriga más grande y dura que mis nalgas; la blancura de mi piel de efebo contrastando con el burdo pelaje del otro. El hombre convertido en oso y, por tanto, provisto de una cualidad animal para el sexo. En aquella época no concebía un hombre pasivo: quería que me follaran a lo bestia; que me procesaran en una trituradora de miembros endurecidos y pelos rasposos.
Nunca he tenido ocasión de hablarlo con ningún oso. Pero sospecho que esta misma pulsión bruta subyace en la fascinación de un oso maduro por el culo de un chaser joven. Las ganas de usarlo, de romperlo. Pero al mismo tiempo de mimarlo y quererlo. Porque si no, ya me diréis qué hace el bruto de la foto con su mano derecha. Marca, pero no empuja. Para eso ya tiene esa panza de curvas perfectas.
A estas alturas no es raro que alguna foto tuya comprometida haya acabado donde no debe. Todos nos metimos en internet en su momento sin ser muy conscientes de hasta dónde podría llegar. Pero si actualmente te has convertido en elemento recurrente de los blogs de tíos cerdos es todo tu culpa. Eres un exhibicionista sin pudor alguno.
Lo mejor de estos famosos anónimos es que permiten inventarte un trasfondo que adorne el instinto primitivo que todos despiertan. Así las pajas son más divertidas.
Hoy os traigo a... Italocerdo.
No se por qué, pero este hombre me evoca un aire italiano. Quizás es porque le sentaría de muerte una camiseta imperio llena de mugre, con lamparones de salsa boloñesa reseca. Pero al cabo de unas cuantos fotos descubrí que por lo menos su dominio de mail es francés.
Qué cosas tiene el acoso encubierto. De todos modos, para mí será Italocerdo hasta el final de sus días.
De más está hablar de la cara, tez curtida y pelos silvestres de Italocerdo. Ya lo véis. A mi, además, me fascina un elemento que siempre está presente en sus fotos: su reloj.
Este pedazo de peluco es un reloj de padre de familia. El que suele llevar también una cruz de Caravaca al cuello. De camionero de área de servicio que busca bocas tragonas. Descargar los cojones.
Pero además de su colección de relojes retro, Italocerdo tiene una colección importante de sofás y butacas. O por lo menos eso es lo que se desprende del hecho de que siempre salga recostado en uno diferente.
Como habéis podido ver, Italocerdo se caracteriza por adoptar básicamente una solo pose: sobacos al aire. Las únicas variaciones radican en el brazo que airea. Yo a un tío con esa cara, ese tono de piel y esos pelos silvestres no puedo más que atribuirle un intenso olor corporal que predispone al cerdeo. Si ya está sucio, no creo que le importe pringarse más.
Me dan unas ganas terribles de mearlo de la cabeza a los pies. Deleitarme en el efecto de los pelos húmedos y rellenarlo por todos los agujeros disponibles. Y mira que soy más de zapatos que de zapas.
* por aquello de hacer un juego de palabras con uno de mis últimos osos...
Me encanta Dimitri. O Sergei. O como se llame. Ya lo usé para una de mis entradas. Pero guardé más fotos el día que lo descubrí y las quiero compartir.
Me encanta su corpachón peludo. Y me pusieron a mil las fotos en las que usa al chaval este como si fuera un muñequito de trapo.
Pero lo que realmente me cautivó de este osazo es su expresividad. Es exagerada, lo sé. Pero resulta algo cómica. Es hasta tierna.
Ya sabemos que el cabrón tiene un cuerpo para el pecado. Pero esa boca abierta en una O super morbosa... ¿no es un maravilloso extra?
Digo yo que en el momento de correrse el teatro es menos. Ese sudor... .
Insisto en que no es necesario que sean realmente japoneses. Lo de mis fetichismos es sólo una etiqueta. Pero a este tío en concreto, sea de donde sea, lo rellenería de leche hasta que le saliera por las orejas.
Y me sabe incluso mal, porque tiene una pinta de buenazo que no puede con ella. Pero uno no enseña el prepucio de ese modo si sólo busca amigos, ¿no?
Con este debería tener una bonita relación. De vernos cada día y follar mucho. Porque me obsesiona la idea de mamarle la polla hasta vaciarle de leche ese par de cojonazos que tiene. Pero también me sabe muy mal tenerlo ahí sin desenvolver. Con los pezones a buen recaudo.
Así que éste sería el tipo de hombre perfecto al que recibir cada tarde después de su dura jornada laboral y tenerle preparadas las pantuflas, el periódico... y el lubricante. Detrás de cada sumiso hay un chico machista.
Detalles: el rictus de la boca. Lo bonita que le ha quedado la polla con esa luz.
Hasta los 19 años follaba con hombres que conocía de las maneras más pintorescas. Sobre todo casados, como he contado ya. No conocía el ambiente ni tenía ideas preconcebidas sobre lo que buscaba.
Un día, en casa de uno de mis amantes de esa época, encontré una revista de esas que reparten en los locales de ambiente. Había un reportaje sobre Bearcelona, un club de osos de la ciudad. De repente descubrí que los peludos de mi zona estaban organizados y fácilmente accesibles. Ni siquiera tenía que lanzarme a la aventura de ir a uno de los locales que frecuentaban: podía usar el canal de IRC o la página web que tenían.
De esto hace más de 10 años y ni Bearcelona era lo que es ahora ni el IRC sirve para lo que servía entonces. Fue una época curiosa: el momento en que empezaban a aparecer las primeras tarifas planas de Internet; las primeras KDD (“quedadas”) de osos; charlar con alguien durante semanas o meses y quedar a ciegas porque no podías escanear una foto…
En el principio todo fue muy bonito: conocí a decenas de gays, por no decir centenares y podía quedar con muchos de ellos para vernos. El sexo estaba omnipresente, pero sobre todo las relaciones eran sociales.
En la actualidad ya sabemos cómo va: hay páginas web donde lo primero que ves es la foto y, tras un poquito de charla para asegurar el tiro, se queda para follar. Luego ya se verá qué sale.
Más o menos este es el mismo camino que ha seguido el movimiento bear:
Este movimiento nació en los años 80 como respuesta al estereotipo de homosexual como hombre preocupado sobre todo por la apariencia, lo que significa cuerpo cultivado, depilado, bien vestido… El hecho de que el aspecto físico sea lo más importante deja en segundo plano la parte más personal y convierte al gay en alguien poco sociable, más bien competitivo.
Los osos son tipos que se preocupan menos de la parte estética y por eso suelen estar fondoncetes, no se preocupan por su vello y se visten con camisas compradas en packs de 3 en grandes almacenes. Son un grupo básicamente social y se caracteriza por su carácter inclusivo: tienen cabida todos aquellos que no tienen cabida en el estereotipo gay.
En mis inicios pude comprobar que esto era realidad. Íbamos de cena 20 ó 30 personas entre las que había tanto osos como chasers. Cada uno con su etiqueta, pero juntos. Si alguien te caía bien no importaba si era joven y delgado o maduro y peludo.
En algún momento esto se empezó a torcer. Creo que por varios motivos:
Los bearbolleros.
En un grupo grande suele haber radicales. Siempre he pensado que hay mucho oso que no ha superado su adolescencia y devuelve el odio que recibió de sus colegas de instituto. Frases como “chaser de mierda” o insultos fuera de lugar como “anoréxico” van desgastando la cohesión de un grupo basado precisamente en la tolerancia.
La indefinición del concepto.
El héroe bear por antonomasia es Jack Radcliffe.
Ciertamente, está muy lejos del canon clásico de estereotipo gay:
Pero, igualmente, hay que estar muy ciego para no reconocer que Jack se mira al espejo tanto o más que sus colegas del grupo Matineé. Si en vez de ir al gym de moda hace pesas en el garaje de su casa es lo de menos.
Mirad por ejemplo con quién liga Jack:
Para los profanos en la materia, un oso es alguien con pelo. Con toda la amplitud del término. De hecho, he encontrado la siguiente foto bajo el epígrafe “bear”:
Para los expertos, las posibilidades se multiplican en un sinfín de etiquetas: oso, cachorro (de oso), chub, lobo, nutria, oso polar, pelícano… Pero al fin y al cabo, con la radicalización de la gente, vamos a parar al mismo punto:
Cada uno de ellos tiene un público totalmente diferente. El 95% de los encuestados preferiría al de la izquierda. Sólo personajes tan salidos como yo se lo montarían con ambos con igual disfrute y predisposición.
El mainstream
Hoy en día hasta las espectadoras de Ana Rosa Quintana saben lo que es un oso. Además, se da la fatalidad de que bearwww es una de las páginas de contactos con menos restricciones para usuarios gratuitos. Todo el mundo que tiene perfil, tiene perfil ahí.
Todo ello hace que hoy en día el movimiento oso haya ido perdiendo fuerza a pesar de que ahora las KDD son eventos internacionales que mueven miles de personas. Las organizaciones como Bearcelona han pasado de montar paellas y excursiones al campo a organizar cruceros.
Nada de esto es malo. De hecho, es bueno. Ahora mismo vuelve a ser más rentable conocer gente en persona, ya sea para follar o para algo más. La época de la cybercita ha dejado paso a la cyberpaja. Ahora no haces nada si no tienes un completísimo perfil con decenas de fotos explícitas.
Sólo hecho de menos la parte de comunicación con gente que no tiene por qué estar en tu entorno directo. Es algo que pretendía recuperar con este blog, pero veo que el ritmo y tipo de comentarios no va en ese sentido tampoco. Los tiempos cambian y nosotros con ellos.