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miércoles, 9 de marzo de 2011

"Hola, chaval"

  
"...que estaba aquí en la piscina de este hotel de todoincluído ojeando el panorama ahora que la parienta está de siesta y no he podido evitar fijarme en ti, mozo. Sobre todo porque he notado que tú también me has echado alguna que otra miradita. Y me he dicho, calla, voy a lanzarme y decirle algo a este chico que a lo mejor se queda cortado por mi aspecto de señor repeinado y pulcro.

Verás, a mi me ponen súper caliente los zagales como tú. Jovencitos y con las carnes apretadas. Se te adivina buena polla. Y eso es lo que busco, que estoy harto de darle polla a mi mujer. Si quieres te la como todo el tiempo que quieras. Si no aguantas da igual. Me volvería loco que te corrieras en mi pecho peludo, ¿te hace? 

Si no te corres no pasa nada. Mejor. Porque para pringarme prefiero que me mees de la cabeza a los pies. Es una manía que tengo. Sólo esa. Bueno y que me muerdas los pezones. Pero eso ya cuando me vayas a follar. Porque me la clavas tú, ¿vale? Con mi mujer ya la follo yo. Si voy con chicos es porque pueden usar la polla que ella no tiene. Entonces me la clavas bien fuerte, ¿sí? Hasta los cojones, que seguro que tienes unos cojones estupendos. No te preocupes porque yo tengo aguante y puedo con unas embestidas fuertes. De chaval joven como tú. Que seguro que tienes energía de sobras y vas muy salido, ¿a que sí?

Entonces, ¿qué me dices?"

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hombres encadenados: bonus track

De entre las imágenes que barajé para la entrada sobre los hombres con cadenas y colgantes, hubo uno que me encendió especialmente. Una de esas imágenes en que absolutamente todos los elementos se mezclan para impactar en el lado más cerdo de mi mente:

Torso perfecto

Ya avisa el bueno de Conrado en el post de donde tomé prestada esta foto que le encantan todos los torsos que aparecen en él. Pues sí... ¡Sí! Me fascinan estos torsos a medio camino entre el músculo y la grasa. Evocan un pasado de potencia física y deportes dinámicos al mismo tiempo que hacen evidente un presente de metabolismo bajo y tapas con los amigos. Este es un tema delicado de explicar, pero una de las cosas que más me excita de los hombres maduros es precisamente pillarlos en su declive físico. Comparando, claro, con el arquetipo de la sociedad. Porque a ver quién le dice a este hombre que su cuerpo está en declive...

Estos cuerpos en los que el vello delimita claramente las diferentes zonas (pectoral izquierdo, pectoral derecho, vientre) me obsesionan. En este caso, el vello subraya una incipiente barriga que me cuesta dejar de mirar para ponerme a escribir.

Rostro afable

La impoluta blancura de su barba y esa sonrisa me desarman. Es la sonrisa del padre de la novia. La sonrisa del profe de música. La cara del director del coro. Es el padre de mi mejor amigo. ¿Qué demonios hace, entonces, desnudándose frente a mí?

Detalles sórdidos

Ya sabéis que estas cosas de romper lo convencional me enloquecen:

Lote completo de oros: no sólo la cadena que lo ha llevado hasta mí, sino que además lleva anillazo, pulseraza y relojazo. Nadie de mi generación va tan cargado. La de mis padres sí: hombres casados que le dan un valor sentimental a cada una de estas piezas. La que viene después de mi también: macarras adolescentes que se recubren de oros para parecer... algo.

Moreno paleta: sobre todo evidente en las piernas. Adorable.

Ropa de hombre casado: el hecho que se deje fotografiar con los calcetines es significativo. La camisa que sostiene en una mano, también. Pero los slips comprados por su esposa en un pack de 5 es algo que me pone del revés de un modo violento y animal.

El entorno: lo cutre de la habitación y su mobiliario empuja mi mente al familiar entorno de los apartamentos por horas. A los amantes que buscan hueco. ¿En qué otra circunstancia haces fotos mientras te desnudas para follar? Le haces fotos a tu plato de pasta si te escapas de vacaciones a Italia. Por la novedad. Porque sabes que no sabes cuándo podrás volver. No cuando haces en tu casa los spaghetti de cada jueves.

jueves, 12 de agosto de 2010

Premio de consolación


¿Sabes? Tú también me gustas muchísimo. No estás tan fibrado como el otro. Pero me encanta tu cuerpo. Y tienes mucho más pelo. Tus brazos pueden no estar tensos como cables de metal, pero tu hermosa polla promete ofrecer un nivel de dureza óptimo.

Ya sabes que tu cara me parece muy atractiva: delgada, alargada y rematada por un bigote sexy y una rotunda calvície. Y tus manos... qué decir de tus manos. Por el momento ellas me dicen que estás casado. Mmmm..

Pero él llegó primero. A ti ta daré un premio de consolación. Te daré mi boca, mi culo y mi polla para que los uses de consoladores. No llores. Si vas a soltar algun fluido, que sea tu semen.
.

sábado, 27 de marzo de 2010

Fetichismos: si sólo fueran las manos...

No me decido.

¿Qué mano me gusta más? ¿La del anillo? ¿O la que se apoya en la rodilla en ese gesto tan firme?

Las botas de trabajo con calcetines blancos me ponen mucho. Ya os lo he contado. Aquí vuelven a ser lo único que lleva el muy cabrito.

Me fascina lo claro que tiene marcados los pectorales y la barriga. Se pueden dibujar con círculos. ¿Será por el pelo?n No sé. Pero de hecho no puedo dejar de mirar la línea de vello que le separa la barriga en dos. Y el ombligo.

El hombro y el bíceps del brazo derecho no son normales.

Y menos mal que las barbas tan pobladas me gustaban poco.

Conclusión:

Quiero que me azote con esas manazas. Y cuando tenga el culo en carne viva, que me lo refriegue con esa barbota al comerme el culo. Algo innecesario, porque ahora mismo estoy tan dilatado que me podria meter la gorra entera sin tocar los bordes. ¡Uf!

martes, 2 de marzo de 2010

jueves, 19 de noviembre de 2009

Padre de familia

Me gustan los hombres casados. Son mi especialidad. Reúnen todo el vicio que puede tener un hombre maduro: su físico me excita y suelen forzar situaciones súper morbosas por aquello de que su sexo es furtivo.

Además, los tabúes: ser usado como instrumento de adulterio; jugar la doble moral de un homosexual en el armario; follar con alguien que no sólo podría ser tu padre sino que, efectivamente, tiene hijos de tu edad.

Pero todo esto vino de adulto. Antes de eso todo era mucho más casual. No elegí que me gustaran los hombres y tampoco preferí por mí mismo los maduros. Hay un momento en mi preadolescencia en que tomé conciencia de que me fijaba de un modo especial en cierto tipo de hombres. ¿Curiosidad por saber cómo sería mi cuerpo en el futuro? ¿Fascinación por un modelo de masculinidad? ¿Instinto sexual latente? Bueno… ya dije que aunque este blog sea muy freudiano sólo pretendo explicarme, no analizarme.

El hecho es que, mirando atrás, desde siempre me he fijado en el señor Manolo que lleva a su prole a la playa y espera echándose una siesta a que la parienta saque el tupper con la tortilla de patatas.

Calvo, canoso y peludo. Canas incluso en el vello del pecho. Objetivo cumplido. Vamos para nota: piernas y pies excitantes; el bronceado le da un aire más rudo.


Simplemente ocurrió que, cuando empecé a tener relaciones sexuales, empezara con este tipo de hombres de sexualidad tosca, alejada completamente de cualquier canon. O eso pensaba yo, claro. Luego resulta que hay toda una corriente admiradora de este tipo de ejemplares masculinos.

La ironía era que este modelo de hombre tan cercano, del cual me cruzaba cuarenta cada vez que iba a la playa, era el más inalcanzable para un chaval de mi edad y condición. ¿Cómo te acercas a un hombre así en su contexto habitual? ¿Qué le dices para llamar su atención sobre tus intenciones? No puedes ser directo porque no puedes asumir absolutamente nada.

- Hola, señor, sé que está vigilando que la nena no se ahogue en el agua pero, ¿tiene un momento?
- Sí, claro, majo.
- Verá, es que lo vi de lejos y me llamó la atención su cabecita canosa, con ese peinado tan formal. Me la imagino entre mis piernas, mientras usted me chupa el rabo.
- Ah, muy bien. Pues luego cuando me haya comido el bocata de lomo te llevo al coche y te pego la mamada de tu vida, chaval.
- ¡Estupendo! Será genial correrme en esa barriguita peluda.


Ya tendré tiempo de contar cómo logré mi objetivo. Hoy toca hablar de los hombres casados.

Con ellos siempre he tenido ventaja. Es muy fácil ligar con ellos. La explicación amable es que el hecho de estar fuera del ambiente los ha salvado del prejuicio y la tontería. La explicación menos piadosa es que van tan salidos que follarían con cualquiera. En cualquier caso: mejor para mí. No hay nada mejor que tener éxito entre el tipo de hombres que te gusta.

¡Y éste me gusta mucho!


Habitat

El contacto por Internet o medio equivalente es el modo más fácil de ligar con un casado. El anonimato los desata. Luego queda el tema de encontrar un sitio, lo que suele significar alquilar una habitación por horas o irse a la sauna.

Por otro lado, la sauna es el sitio que prefiero para ir a la aventura, sin ligue previo. Hay otros, pero no tienen ducha. Supongo que en las zonas de cruising tradicionales (bosques, playas, aseos públicos) abundan los casados. Pero esa es una asignatura pendiente que tengo.

Actitud

Si un casado liga conmigo es porque le gusta el rollo de la diferencia de edad. Jugar al papi. Además, soy un chico especialmente complaciente. Por eso, no tengo un rol definido con los casados. Me excita charlar con ellos de lo que esperan de mí. Hacerles ver que conmigo pueden hacer lo que quieran. Que ya que están ahí, se desahoguen bien y hagan conmigo lo que no pueden hacer en casa.

Esto a veces lleva chascos. A menudo me ha pasado que el otro sólo quería sexo oral: precisamente su mujer lo que no le hace es mamársela. No es problema en sí mismo, claro, pero hay veces que tu instinto clama otras cosas. También están los que quieren que uno de los dos adopte un rol femenino; me gusta ser la putita de alguien pero ponerme lencería es ciertamente demasiado. En el otro extremo, la excesiva masculinidad del papá hace que a veces se pongan en un plan dominante muy mal entendido.

Perversiones

Pero cuando el rollo funciona bien, realmente soy capaz de todo. Me gusta el sexo sórdido y no tengo tabúes. Cuando tu recorrido mental ya asume seducir a determinado tipo de hombre, realmente todo lo que viene detrás ya va en el lote.

¿Estará viendo el futbol?
¿Querrá echar una meadita entre birra y birra?

En mi feliz e inexperta juventud follé muchísimo a pelo. Es otro rasgo de los hombres casados: abominan de los condones. No tengo reparos en decir que desde siempre yo lo he preferido así. Otra cosa es lo que dicte el sentido común, que vas adquiriendo con el tiempo y la experiencia. Sigo sano y follo seguro. Pero me siento como un exfumador. Y soy tan radical ahora con el condón como los exfumadores con los cigarrillos.

Por más que hable de papis, daddies y demás jamás he tenido ni el más mínimo pensamiento impuro con el mío propio. Ni con nadie de la familia. Pero sí recuerdo con cariño una situación curiosa: ser penetrado a cuatro patas en el sofá de un sesentón, orientado casualmente hacia una mesita con la foto de un casicuarentón que también me había enculado varias veces. Su hijo, me contó luego. Jamás me atreví a sugerir un trío. Me arrepiento tanto…

Hablando de tríos, y a pesar de que jamás he sentido atracción por una mujer, últimamente me ronda la idea de formalizar el outing de un casado. ¿No sería hermoso que su esposa compartiera el momento en que su amado por fin se expresa libremente?
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