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lunes, 20 de septiembre de 2010

Babeamos los dos

Ahora que ya os he presentado varios de mis fetichismos, es momento de ofreceros imágenes que me ofrecen estimulaciones simultáneas de mi inquieta libido.
Os recomiendo hacer click para ampliarla
 Ya sabréis que esa polla enorme y venosa es de lo que menos me dice de la imagen. Aunque ocupe el centro de la imagen y esté mejor enfocada. Demasiado obvia.

¿Qué es lo que me excita, pues? Recitad conmigo:

Manos
La que me ofrece su polla tiene, además, un anillo. Y la otra juguetea cerdamente con un...

pezón
Me vuelve loco tanto el que está siendo torturado, oculto a nuestra vista como el que está orgullosamente erecto al lado de la...

corbata
Un ejecutivo cerdaco, que enseña su rabo erecto al público. ¡Cabrón!

Bonus track: perilla
Una perilla recortada para encajar perfectamente entre las suaves nalgas de un chico como yo.

Pero si esta imagen sola ya me hace volar, la siguiente es que me pone en órbita:
Ahora sí que ese rabazo se ha ganado todo el protagonismo gracias a esa turbadora gota de líquido preseminal. En mis sueños, la punta de lengua se estira a cámara lenta para ir su encuentro.

Pero otro elemento que me inquieta son esos dientes de depredador que le han aparecido de repente. Es uno de esos detalles absurdos y sin relación directa al sexo que me condicionan definitivamente para el sexo: no quedaría satisfecho si no caigo de rodillas ante este macho y le ofrezco la carnosidad de mis nalgas para que las desgarre con su boca y me hinque su miembro viril.

El caso es que estoy seguro de que este tío es uno de esos actores de porno que corren por la red pero no lo ubico. ¡Maldita sea!

domingo, 8 de agosto de 2010

Sin quitarse la camisa

Con este debería  tener una bonita relación. De vernos cada día y follar mucho. Porque me obsesiona la idea de mamarle la polla hasta vaciarle de leche ese par de cojonazos que tiene. Pero también me sabe muy mal tenerlo ahí sin desenvolver. Con los pezones a buen recaudo.

Así que éste sería el tipo de hombre perfecto al que recibir cada tarde después de su dura jornada laboral y tenerle preparadas las pantuflas, el periódico... y el lubricante. Detrás de cada sumiso hay un chico machista.

Detalles: el rictus de la boca. Lo bonita que le ha quedado la polla con esa luz.

sábado, 15 de mayo de 2010

Fetichismos: traje y corbata (+profesores)


Es difícil mirar a este hombre a los ojos.

La camisa abierta con la corbata colgando es una trampa mortal para mi.
Ese pezón casi me arranca lágrimas de lo bonito que es.

La barriga la pasas rápido porque es inevitable irte directo a la polla. Luego vuelves a subir la mirada y la disfrutas en su justa medida.

A estas alturas ya hay sobredosis: es imperdonable no fijarse en esa mano. Es elegante, no ruda. Me excito de ese modo en que me excitan los ejecutivos y los profesores. Algo refinado y muy muy sutil.

Sutil como lo aflojado del cinturón. Es un detalle, pero se me ocurren miles de ideas relacionadas. Desde quién ha desatado esa prenda hasta imaginarlo flagelando mis nalgas.

Vale. Será mejor mirar a la cara de este hombre antes de seguir enloqueciendo: calvito, canoso, bigote... Dios, estoy en un buen lío.

¿Verdad que parece un profesor? Al verlo, de repente, me siento como cuando iba al despacho del profe a reclamarle nota. A alguno de ellos le habría puesto el culo para que me subieran cuatro décimas. Una excusa como cualquiera para provocar que me follaran.

Pero Internet a veces destruye tus fantasías. Bueno, las modifica. Las hace más reales. Días después de encontrar la foto de este profe di con otra. Creo que con este hombre el que debería sudar sería yo:


Lo haría encantado: no sólo resulta que también tiene el otro pezón hermosísimo. Además, aguanta con la polla dura mientras te lo follas. Maravilloso.

Y otra cosa: ¿quién no desearía ser el causante de esa carita de placer?

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sábado, 1 de mayo de 2010

Las apariencias... despistan

No nos engañemos.


Un hombre así tiene poco predicameno entre las masas gays. Que si es viejo. Que si es calvo. Que si es un abuelo. Un viejo verde.

Quizás sólo los que ya tenemos un olfato entrenado y unos fetichismos muy claros le entraríamos dispuestos a todo.

Me pregunto qué pasaría si la tarjeta de presentación de este hombre fuera ésta:


Estoy seguro de que el porcentaje de tíos dispuestos a hincarse de rodillas y tragar rabo por cualquier agujero disponible crecería exponencialmente.

PS: esas manos...

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sábado, 27 de febrero de 2010

Ejecutivo agresivo

Por mucho que me gusten los hombres brutos, básicos y de comportamiento primitivo lo mío son los caballeros. Un capataz de obra o un sargento chusquero son formas poco refinadas de autoridad que funcionan en momentos determinados. No siempre apetecen. Pero la calmada refinación de un hombre de negocios me subyuga desde que me levanto hasta que me acuesto. Norma Duval y yo no somos tan diferentes, al fin y al cabo.

Prefiero el hombre en traje y corbata al militar o el obrero. Las corbatas a los petos de trabajo. Los zapatos relucientes a las botas tochas. Los calcetines negros a los calcetos curraos.

A fin de cuentas tanto unos como otros acaban desnudos, haciendo las mismas cosas más o menos. Sudando y gruñendo como cerdos. Con la polla metida en algún caliente recoveco de un cuerpo prestado. O a cuatro patas con el recto removido a golpe de cadera.

Esta depravación en sí ya me mola. Pero me interesa mucho más si la cosa empieza más atrás. Cuando se pervierte la imagen seria y responsable de un hombre cabal. Que un tío sucio y bruto te pida cosas sucias y brutas como que le metas el puño o te tragues sus lapos entra dentro de su estereotipo. Pero que un refinado caballero quiera rociarte de arriba abajo con su meada es una transgresión fantástica.

Craneo perfecto, traje inmaculado, pose elegantísima, polla fuera.


De nuevo aparece en este blog el rollo freudiano: me gusta el hombre en traje; que es mi padre, que es mi profesor, que es el señor del banco, que es el que manda en el mundo. Me excitan las corbatas; que son falos de tela. Por tanto, busco pollas enormes, que se enrosquen, que me deslumbren con sus colores como si fuera un animal de la selva en rito de apareamiento.

La culminación de mi fetichismo con los trajes: camisa abierta mostrando un torso peludo y la corbata colgando. La mamada es inevitable.


Es curioso, porque incluso el tío más rematadamente bestiajo ofrece una estampa impresionante en traje y corbata. No tolero el disfraz a la inversa y me río con los chicos buenos que se ponen una gorra de cuero y piensan que son malos. Pero me pongo como una moto con los chicos malos que juegan a ser buenos.

 Lo de los pezones también sería imposible de aguantar.


Lo peor del caso: que sólo una vez en la vida he encontrado un hombre con traje y corbata dispuesto a complacerme el fetichismo. Triste, ¿verdad?


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