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lunes, 9 de abril de 2012

Viejos conocidos

Saturno, dale que te pego
Aparición estelar: Saturno devorado por sus hijos
y también en: Saturno dándole su merecido a sus hijos


A lo mejor me hago pesado y no tiene sentido celebrar cada hallazgo que hago de lo que, de hecho, es una sesión de fotos de las que debe haber docenas. Pero al morbo intrínseco de estas fotos se le suma el valor sentimental que da la morriña de tiempos pasados en este blog.

Y que esa polla a punto de enfilar el recto del colega es de un morbo brutal. A pesar de que a Jake se le caiga el culo. Qué cojones.


martes, 26 de abril de 2011

El follador follado


Insistiendo en las mamadas... qué poderosa es esta foto.

¿Algún activocentrista es capaz de decir que al maduro en cuestión le están follando la boca?

Esos brazos, esas manos, están dominando completamente la escena. Ese modo de estrujar la nalga izquierda del muchacho resulta definitiva. Casi parece que esté exprimiendo el recipiente para asegurarse hasta la última gota de semen.

El pobre chavalín estaba condenado de antemano. Esa postura precaria, a punto de caerse a pesar de tener la postura dominante, sólo hace que confirmar lo que el fantástico físico del maduro indica a las claras.

Esas planchas que tiene por pectorales, el vientre firme, las venas de sus muslos... todo en este tío es sólido. Hasta la perfecta bola que forman sus cojones. Los amantes del vello quizá hayan arrugado el ceño frustrados por ese pubis recortado. Pero, ¿acaso el resto de pilosidad de este madurazo no compensa cualquier retoque estético?

La masculinidad de este pedazo de ejemplar de hombre está tan fuera de toda duda, irradia de un modo tan rotundo... que por más que tenga claro que el jovenzuelo es un niñato sin gracia casi me dan ganas de penetrarlo a traición en ese momento de torpe debilidad. ¡La testosterona está en el aire!

sábado, 5 de marzo de 2011

Memorias con Adriano

Adriano Márquez fue mi primera obsesión pornográfica. Él era la estrella de la primera revista porno que cayó en mis manos. Hasta ese momento mis recursos estaban limitados a mi imaginación, que buscaba alimento en situaciones cotidianas libres de toda connotación sexual (vecinos, profesores, anónimos de la calle). Pero de la mano de Adriano descubrí un universo nuevo de provocaciones explícitas. Recuerdo haberme masturbado infinitas veces ante esta fotografía:


Es increíble cómo, en ese momento, el simple hecho de ver el pene de otro hombre de este modo tan directo me transportaba a otra dimensión. Se producía una de esas situaciones que he descrito alguna vez de: "¿Soy yo viendo esto de verdad?". Obviamente, la responder afirmativamente a la cuestión uno también está afirmando su condición sexual. En un ambiente libre de traumas, dos más dos suman cuatro: si verle la polla a Adriano te excita, es que eres homosexual. Como mínimo.

Con el tiempo me desmarqué radicalmente de este arquetipo de chulo. Notará el lector que Adriano no tiene un sólo pelo en el cuerpo y el que tiene, se lo recorta. Pero si el lector es fiel identificará factores que hacen que el hombre me pierda: perilla, entradas y unas manos preciosas. Bueno, y el estampado de leopardo, que le da ese aire cutre que tanto  me mola.



Echando la vista atrás me sigue sorprendiendo la inocencia de aquellos tiempos. Una parte importanto del efecto turbador que el porno tenía en mí en aquella época nacía del hecho de poder contemplar cuerpos "acabados". Desde mi perspectiva de adolescente a medio hacer, encontrarme con cuerpos rotundos como éste eran casi una revelación de lo que yo mismo podía llegar a ser. Los chicos que tienen ahora la edad que yo tenía cuando descubrí a Adriano ya están hartos de comerse pollas por todos los agujeros, claro. Son otros tiempos.

Siguiendo la trayectoria de Adriano descubrí muchas cosas sobre mí mismo. Por ejemplo, que una buena perilla potencia el atractivo de cualquier macho:



También, que el ojo del culo de un tío era material de alto interés erótico:


 Es más: me enamoró el hecho de que Adriano fuera un pasivo excepcional en sus pelis, teniendo como tiene esa pinta de macho redomado. Tiene una escena que es una delicia camp en la que hace de macho latino, con sus cadenas y su bigotillo, y acaba enculado ante la pasmada mirada de su novia. Más tarde llegarían escenas mucho más plásticas en las que un Adriano con barba es follado por Francesco D'Macho. Todo lleno de brillos y filtro de lente que tiene el porno comercial americano.

Así es Adriano. Tanto te hace un posado en la playa que ni Ana Obregón, como se deja meter profilácticamente un puño.


Durante mucho tiempo le perdí la pista a Adriano. Era como un ex del que guardas muy buen recuerdo. Esos con los que acabas follando irremediablemente cuando te los encuentras por casualidad. Yo me daba más al tema oso y a los tíos de carne y hueso. Donde haya un rabo de verdad que se quita uno impreso en un papel.

Pero Internet y el porno fácil me trajeron a Adriano de vuelta. Lo mejor es que ahora es madurito de verdad. Bueno, está en los 40. Y al repertorio clásico ha añadido mayor aplomo y, sobre todo, canas. Muchas canas.

Y un puro.


domingo, 31 de octubre de 2010

Más uso y más abuso

Ya sabéis que me mola el sexo físico. Contundente. Con las cosas claras: yo mando, tú tragas.

Por eso me gustan tanto imágenes como estas...

Agarrar del pelo es un clásico que siempre funciona. Aunque el follado tenga el pelo cortado al 3. Todo es cuestión de actitud, no de realidad. De todos modos, lo que siempre es un éxito rotundo es ser un oso activo. MATARÍA por encontrar un oso activo. Especie en extinción, os lo digo yo. El de la fotografía vive, realmente, en un coto protegido.


El activo de la izquierda de la imagen es uno de los tipos con más pinta de cerdo que he visto jamás. Pero hoy tiene un solvente robaplanos: el pasivo de la derecha y su indescriptible cara. A un paso de la comicidad ridícula. Pero se salva por la hermosa simbiosis con su activo. Ese resoplido entre pelos convence. ¿No os parece?


Habrá quien vea un pollón descomunal. Pero el verdadero poder de este activo radica en esa manaza que estruja esa nalga como si fuera la lista de la compra antes de tirarla a la basura. ¿Lo mejor? Que polla y manos pertenecen al mismo tipo. ¿Resultado? Un pasivo feliz, incapaz de sentarse en una semana. Pero con una sonrisa imborrable.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Wishlist: piercings

Hasta ahora os he ido contando mis experiencias y mis fetichismos. Cosas que siento, que he vivido o que he probado. Ahora también pretendo contar todo lo que me queda por hacer. Cumplir morbos que tengo y que aún no tuve ocasión de tachar de la lista. O de pasar a la lista de fetiches.

Empezamos con:

Por sí solo un piercing no me dice nada. Por eso no lo considero un fetichismo y, por tanto, nunca he follado con un tío sólo por probar el acero quirúrjico. Pero tampoco me lo he encontrado nunca. Será que mis parejas sexuales han sido menos de las que podáis pensar...

Poco a poco se ha ido despertando el gusanillo dentro de mí. Con el tiempo, el bombardeo de imágenes de pezones anillados y pollas rematadas con un aro ha ido haciendo efecto. Ha pasado como con los tatuajes: de ser algo de raros y pirados se ha ido generalizando. Pero los tatuajes no me motivan. Los piercings cada vez más.

Primero eran detalles. Una anécdota en un hombre que por sí mismo ya me encendía:


Cuerpo hemosísimo, vello cano, cabeza pelada, barba... El arito es totalmente opcional.

Antes de generalizarse, los primeros piercings se los vi a los raritos de la escena gay: sadomasoquistas que se remechaban el cuerpo igual que si fueran las piezas de cuero que vestían. Por eso en mi subconsciente estas cosas han quedado ligadas a los juegos de dominación que tanto me excitan. Al icono de macho ante el que postrarse. 

Si te lo paras a pensar, no hay nada de masculino en colgarte un pendiente. Es más, recuerdo el momento en que los chicos del instituto empezaban a hacerlo como signo de rebeldía. Porque eran los gallitos de la clase, que si no el insulto estaba claro: maricones. Importaba no sólo el tipo de pendiente (aros vs. bolitas) sino que además, puerilmente, si te lo colgabas en la oreja izquierda no pasaba nada. Era la derecha la comprometida.

Ahora hemos trascendido esta tontería y los machos más rotundamente machos pueden ornarse las orejas con piezas de joyería fina como ésta:


De todos modos, yo sigo con el mecanismo mental de asociar el piercing a escenas de sexo húmedo y ruidoso. Al macho alfa. Al tipo de mente retorcida y deseos sexuales aún más intrincados. 

Curiosamente, lo identifico siempre con alguien activo. El morbo que me puede despertar el piercing no lo asocio nunca con alguien sumiso o pasivo. Supongo que los veo como botones que, al activarlos con mi lengua juguetona, obtienen como reacción una penetración furiosa.

La perfección del pectoral de este tío es impecable, tanto en la forma del músculo como en la cantidad, distribución y tonalidad del vello. Derramaría mi sangre gustoso en ese altar. Uy, perdón, de nuevo el plano contrapicado me ha tendido una trampa.

El caso más claro de asociar piercing con activos es el Prince Albert, o PA, o "el de la polla". Primero, claro está, por el hecho de USAR eso que me llama la atención, no ser solamente un espectador. Saber si se siente algo cuando se te mete dentro y se refrota en tu recto. Pero luego, y relacionado con esto, por regla general me desmotivan las pollas flácidas en los tíos que me estoy follando. Cuánto más raro debe quedar un pene dormido, bamboleándose dormido con un aparatoso aro de metal.

Hay casos extremos, como el este chico:


Un rapado como éste ya sabe que tiene tema conmigo seguro. El cabrón además sabe sacar partido de sus músculos por más tonta que le quede la pose. Esta foto me parece super bien hecha por el efecto de luces y sombras que consigue. Todo subrayado por su vello. Pero no hay nada en esa foto que diga ACTIVO. No me pondría de rodillas ante un tío así. Ni espero que me reviente a pollazos. Especialmente si de camino al baño para hacer la foto le he visto un culo tan sumamente apetitoso como éste:

 

Pero volviendo al tema. Lo que me fascina de este tío es esto:


Para cuando llegara a tragarme esa anillaza ya daría lo mismo seguir dilatando: su rabo es casi la mitad que su acero. ¿Cómo sentir eso en acción?

domingo, 29 de agosto de 2010

Agujeros húmedos

Es superior a mí.


Cualquier campaña de concienciación se destruye ante este tipo de visiones.

martes, 10 de agosto de 2010

Bareback: el otro lado

Generalmente me atraen las fotos de folladas a pelo por la parte de la polla. Ver un rabo sin condón en plena faena tiene un morbo transgresor. También un rollo falócrata: es hermoso ver el miembro viril en su esplendor, sin doblegarse a fundas humillantes.

En cambio el ojete es el ojete, pobre. Un ano es un ano, folles a pelo o con condón. Tienen su morbo por sí mismos, por supuesto. Pero ahí están, siempre igual. Hasta que te sorprenden:


Esto me supera. Ver un ano tan dilatado, tan disponible... Es demasiado. Intuir las entrañas de otro tío es de un primitivo que asusta un poco. Pero por primario precisamente lo disfruto tanto. Es uno de esos casos en que mi parte racional, sencillamente, mira hacia otro lado. O por lo menos finge hacerlo.

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viernes, 6 de agosto de 2010

Me lo follo

Para aclarar mi entrada anterior, un culo de los que dice "Reviéntame":


No tengo nada más que añadir.

Pero quien se recupere de esto y quiera comentar el efecto erótico del reloj o algún detalle similar, que lo diga.
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jueves, 5 de agosto de 2010

¿Me lo follo? ¿No me lo follo?

Mi predisposición a ser follado por un maduro es clara. Los machos son para hacerlos sudar. Pero hay hombres de figura poderosa que se ofrecen de un modo...


¿Lo más curioso? Que me excita sobre todo la pose. Pero para nada este mi tipo de pasivo.

Para empezar, de cintura para arriba es un dios griego (de los viejos y poderosos, no de las nuevas generaciones de efebos): la barba, su pelo cano cada vez más escaso, un torso enorme y unos tríceps desarrollados.

Luego está claro que trabaja en el gym mucho más la parte de arriba que la de abajo. A pesar de tener un muslo muy hermoso, decididamente no tiene buen culo. Corrección, porque ojalá tuviera yo un culo así: no tiene de esos culos que dicen "Reviéntame".

Cambiemos el escenario: el mismo hombre, con el traje a medio poner. La chaqueta a sus pies y la camisa medio abierta, dejando ver su torso a medias. Estoy seguro que mi ojete se abriría goloso ante esa visión.

Pero hoy, querido, te follo yo.

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sábado, 17 de julio de 2010

Uso y abuso

A veces me espanto de lo sumiso que soy. Sumiso entendido como hombre entregado al placer de otro hombre. Como ya he explicado, sumiso se nace.

Me da lo mismo que el otro desee azotarme hasta cansarse o darme besitos hasta que se le duerman los labios. Me encanta entregarme a lo que de verdad al otro le gusta. Jugar a lo que sea. Pero con sus reglas.

Entrega es la palabra clave: una vez he aceptado explícita o implícitamente el dominio del otro, hay pocos límites. Hay tíos que te lo plantean en términos de humillación, pero para mi no es eso. No me he sentido humillado cuando me he visto envuelto en situaciones límite. Al contrario: me he sentido elevado por el hecho de hacer gozar a otro hombre y ponerle en un estado mental de éxtasis.
Las relaciones más duras que he tenido han sido las más satisfactorias, en todos los sentidos. El sexo es algo físico y, por tanto, físicamente debes darlo todo en un polvo. Acabar hecho trizas. Resollando. Con agujetas. Sudado. Por otro lado, llegar juntos hasta el límite (quizá un poco más allá) requiere complicidad, comunión, conectar a un nivel más profundo que el físico. Sin llegar al cariño, ni al amor. Mucho menos al respeto. Conseguir encontrar ese punto perfecto es sumamente satisfactorio.



Imágenes como ésta me resultan increiblemente poderosas. No hay teatro ni artilugios. No hay ni mazmorras hechas un asco ni accesorios de cuero. Hay un chico que se entrega y un hombre que coge lo que le dan. Sin remilgos. Con seguridad.

Vuelvo siempre a las manos: las manos del activo, que ordenan y mandan. Apresan al otro en una posición de entrega total. Las manos del pasivo, crispadas. ¿Es dolor o placer? Será lo mismo que expresa esa boca abierta en un jadeo, quizá un grito. Está en la frontera entre el uso y el abuso.

Me encanta la fragilidad del pasivo: ese cuerpo blanquito, delgado y bien definido. La redondez de sus nalgas, que seguro han provocado que ahora el chaval esté mordiendo el colchón en ese rictus congestionado. ¿Había previsto que se lo follaran con tanta rotundidad cuando inició sus cantos de sirena?

Me admira la actitud del activo: tranquilo, sin exageraciones ni poses peliculeras. Se está tomando su tiempo para follarse ese culo. Da igual que el chaval gima, grite, se retuerza o llore. Lo tiene donde lo quiere tener y los disfruta como le da la gana.

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