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lunes, 4 de abril de 2011

Dos de seis

El rugby es, posiblemente, el deporte con el que más se estimulan los amantes de los tíos recios. Bueno, con el permiso de la lucha en aceite, que el Kirkpinar turco ha dado materia para muchos pajotes.

A mí jamás se me había pasado por la cabeza documentarme sobre rugby. Hoy en día hay toneladas de carne disponible sin necesidad de hacer investigaciones. Pero claro, de repente, en un blog vecino, te encuentras con este pedazo de tiparraco:

John Hayes, rugby player
La verdad es que a lo que se dedique semejante morlaco es irrelevante. Yo sólo quiero derrarmar todos mis fluidos sobre ese cráneo brillante. Colocar mis pies en esos increíbles hombros para afianzarme durante sus embestidas. Claro que ahora caigo, joder. Precisamente el cuerpo de este bruto se ha construido para ser un ariete. ¡Ahora entiendo qué le ven al rugby!

Irremediablemente indago sobre este nuevo motivo de desvelo. Es curioso que no sepa el nombre de un porcentaje elevado de tíos que me han follado, pero en cambio me interese por los detalles de pajeos cibernéticos. El caso es John es irlandés, con lo que el factor guiri añade carga erótica al asunto. Pero además parece tener sangre de orco de Moria:


Todo me lleva al tío Hairy. La primera foto, con ese WET descomunal que seguro que le provocado un trallazo súbito. Las orejas "desabrochadas", de las cuales una se ha llevado un buen muerdo en la segunda foto. ¿Habrá sido el tito H. el causante de esa lesión?

De todos los viciosos que conozco por aquí, él es el que más puesto esté en esto de correr con un melón agarrado. Ahora no recuerdo de cuál de las seis naciones es, pero de por ahí era. Seguro que, si se lo pido, me invita a ver un partido juntos. Como es tan amable, querrá explicarme las reglas. Aunque si hay Guinness de por medio y johnhayeses por todos lados no creo que escuche demasiado. Probablemente salga más a cuenta ponernos en plan ese plan "me gusta el futbol" que tanto morbo me da con los papis castizos: comerles la polla durante 90 minutos, desnudito desde el suelo. En ese caso, nota mental, no deberé beber demasiado, porque a lo que yo me meta en el estómago deberemos sumar las pintas que suelte el tito por su rabo. Y si su equipo preferido pierde, mejor: le diré que descargue su rabia azotando mis nalgazas peludas.

¿Veis como el rugby me hace desvariar?

Pero no soy el único. Lo siguiente es una búsqueda genuina y sin retocar sobre otro jugador de tan entretenido deporte, Ben Cohen:


Creo que no necesito explicar por qué sólo dos de entre todas las imágenes que aparecen como destacadas están vinculadas con lo estrictamente deportivo. Os pondré una en grande porque a estas alturas tendréis la mano del ratón ocupada y hacer click en la foto de arriba es un esfuerzo:


Así que tenemos a un irlandés y un inglés. Escalofríos me da pensar lo que me deparan las cuatro naciones restantes. ¡Y vértigo es lo que siento cuando me anime a cruzar hasta Oceanía!


¿Lo de "kiwis" es por sus cojones?


miércoles, 2 de marzo de 2011

Comentarios antológicos: Hairy4ever acerca de las mamadas

He mencionado más de una vez lo muchísimo que aprecio los comentarios en este blog. Pues Hairy4ever me he regalado uno de los más devastadores comentarios que he tenido ocasión de recibir. Por pudor, el hombre quiso remitirlo en privado. Pero creo que merece estar expuesto al público para seguir con el debate.

¡Disfrutadlo!

Hairy4cock!

Después del esperado –pero no por ello menos bienvenido- calentón que me provoca siempre la conjunción de tus textos e imágenes, mi primitiva –por calenturienta- reacción ha sido la de estar totalmente de acuerdo contigo. Pero, a medida que la erección iba en descenso, mi mente dejaba, a su vez, de estar obnubilada. Salía el animal y volvía la pseudo-persona. Y hete aquí que, despejándose el cerebro y recobrando el raciocinio, empiezan las disensiones. Sí, en plural pero, siempre, en positivo.

La primera –que, si no te importa, abordaré al final- no hace falta estirar el hilo como si el asunto fuese un chicle barato que no diese más de sí: el tema es tan largo como un cable coaxial de fibra óptica que una Tokio con Los Ángeles.

La segunda, que ataco primero, es la inversión de roles. A priori, puede parece que el felado, por excepción, adopta el papel de pasivo. Pero, pensando en las experiencias vividas, nada más lejos, según y cómo se mire. La primera imagen que nos viene a la mente es la de un tio, empalmado, patiabierto, inmóvil, estatuario, pétreo, ausente y dejándose chupar como si entre las piernas llevase una paleta de caramelo de mármol y el rostro granítico, cual si jugase la final Mundial del Texas Holdem en las Vegas. Eso en el porno, puede, vale, de acuerdo. En la vida real, ni hablar.

Cierto que cada vez más felados adoptan tal postura –estúpidamente mimética de lo mucho visto en los Pornotubes de turno- pero un buen felado puede y debe ser activo. Verbigracia: las buenas parejas de baile pueden no tener vínculo personal alguno; pero, en cambio, a la hora de danzar, se complementan de tal manera que provocan el pasmo admirativo de todos los presentes, arrancando ovaciones en cada devaneo. Porque saben, por instinto, lo que cada uno debe hacer para alcanzar la perfección. En las felaciones, lo mismo: un buen tándem felador/felado debe llegar hasta tal punto de compenetración que, verles, sea pura sinfonía. Es decir, a la hora de felar, su sincronización, su ritmo, su tempus les hace ser uno solo. Polla y boca. Cuerpo y mente. Carne y uña. Si no, son dos tipos que van, cada uno, pegando tiros por su cuenta. Eso lo hemos hecho todos, más o menos, en cualquier arrebato de calentón que nos ha llevado derechitos a toda prisa a un cine, una sauna, un parque o cualquier otra zona de “Fast Sex” a exorcizar el demonio espérmatico que todo salido lleva en sus cojones. Pero eso es como los burgers: felatio/basura.

Si buscamos la tan en boga “excelencia” a nivel felatricio, el felado debe contribuir. ¿Cómo? De mil maneras. Tu ya apuntas unas cuantas: esas manos que tocan al felador deben transmitirle, en silencio, sólo con el tacto, el grado de intensidad, satisfacción, en definitiva, el placer que el felado está sintiendo. Como un sismógrafo: segundo a segundo. Si la felación se produce con el felado de pie y el felador hincado de bruces, las manos del primero son fun-da-men-ta-les. El felador sólo recibirá de éste el contacto de la polla en su boca y de sus manos. Nada más y nada menos. Así que el felado debe aplicarse a transmitirle, con las yemas de los dedos, con las palmas de las manos, ese mensaje-porno-morse que al felador le indique el estado de situación.

Y el felador lo necesita ¿porqué y para qué? Pues, entre muchas otras cosas –seguimos fuera del Fast Sex- para evitar la cosificación. Porque si no, el felador se puede identificar perfectamente con el agujero de una papelera, del que solo se espera que sea del diámetro suficiente para que se trague la basura que le encestemos, cual Paul Gasol de las eyaculadas.

Si la felatio se desarrolla con el felado tumbado o sentado, ahí intervienen más gestos, más tactos. Otro ejemplo: que el felador, en plena faena, note cómo los muslos del felado se van cerrando a su alrededor, atrapando sus mejillas –si el felador es del tipo “orejas desabrochadas” con más motivo aún- y que ese aprisionamiento se haga también con su ritmo, su tempus, porque el felador sentirá ese calor de los muslos, el tacto del vello; notará como las carnes del felado, con el interior de sus muslosrodeándole, le amortiguará e incluso privará del sentido del oído, con lo que el felador podrá llegar a oírse el zumbido de su propio riego sanguíneo palpitando a toda velocidad. Se sentirá, “abrazado” muslonamente por el felado, envuelto en los efluvios de sus sudores y si éste es suficientemente hábil, conjugará dicho cepo con, pongamos, un recorrido con los dedos por la base de la nuca del felador, allí dónde convergen los nervios espinales antes de entrar en el cerebro, vía bulbo raquídeo. Ésa zona –tan poco trabajada- es uno de los centros nerviosos más importantes de cualquier animal. Tanto que, en tauromaquia, es donde se da la “puntilla de gracia”; que, aquí, sería el remate sexual. Si el felado lo hace bien, verá toda la espalda del mamador erizarse por el inmenso placer con el que están siendo correspondidas sus dotes de tragasables.

Y si lo hace aún mejor, aprovechará que tiene al felador en cuclillas para, con la yema del dedo gordo del pie, acariciarle el esfinter, para que el felador sepa que, si gusta, puede darse gusto –valga el requiebro- sentándose poco a poco sobre ese dedo hasta que su ano lo atrape y engulla.

Bueno, quedando como quedan variantes como el 2X1 en doble vertiene “donde come uno, comen dos” o “a mi me daban dos a comer” –cada uno de ellos, todo un tema en si mismo- podría extenderme “ad infinitum” –que verborragia no me falta- pero sirva este par de apuntes para finalizar con la primera disensión: el tema es tan largo, vasto e interesante que si bien no podemos descuidar “cómo comemos”, queda –¡y mucho!- por hablar de “qué nos comemos”. Cierto que en el primer post sobre el tema se habló de tamaños y formas, pero quedan razas, colores y texturas higienes… y sus carencias; mitos, fantasías y realidades indisolublemente asociadas a las distintas peculiaridades de la raza humana. Como también quedan los topicazos, vía “descubrimientos”: bajarle la cremallera a un albañil nos presupone unos gayumbos sudorosos y una polla con requesón caducado; mientras que si lo hacemos con un banquero, los interiores serán inmaculados y el capullo lavado con Norit. Pues la realidad desmonta una y mil veces la hipótesis. Hay obreros cuyo interior es más pulcro que una patena y financieros trajeadísimos que llevan sus honduras a tal extremo de suciedad que son todo un catálogo de escatología andante.

Y no hablo por hablar: tiempo ha, en la red había un blog de un banquero francés que exhibía con todo lo lujo de detalles los slips eyaculados, día tras día, trallazo sobre trallazo, que se ponía para ir a trabajar. Se retaba a sí mismo a ver cuántos lechazos y días seguidos era capaz de llevar encima sin levantar sospechas olfativas entre sus compañeros de trabajo. Llegó a publicar hasta fotos de su despacho en plena Défense –el Manhattan de París- exhibiendo sus acartonados calzoncillos bajo su impoluto Armani. Ah, y su audiencia de seguidores era monumental.


martes, 26 de octubre de 2010

La puntita: bonus track

A cuento de mi post del otro día, un amable lector decidió provocarme un infarto con esta estampa:


De verdad... si me apreciais, casi prefiero que hagáis realidad alguna de mis fantasías no cumplidas: sexo en grupo, darme con un PA, Marco de Brute...

Pero es que esto es demasiado. ¡Demasiado!

martes, 14 de septiembre de 2010

Los cojones

¡Cojones!

He caído seducido por un par de cojones.

Estos cojones:
No os he contado sobre mis fijaciones sobre los testículos de mis hombres porque nunca la he tenido. Pero estoy dispuesto a postrarme a venerar este símbolo de masculinidad, fertilidad, poderío y lo que queráis. 

Ese pliegue de piel que los divide me inflama. Ahora mismo muevo la lengua dentro de mi boca en un acto reflejo, queriendo reseguir esa línea incluso en la distancia.

Nunca pensé que la ausencia total de pelo me excitaría de este modo. Pero debo reconocer que este hermoso par de bolas no sería tan bello y accesible con una mata estorbando.
En serio: no es sólo el tamaño. Esa textura, el color... Esta foto es literalmente DESEO. Deseo de lamer, de chupar, de meterlos en mi boca. ¿Me cabrán ambos a la vez? Por una vez la polla no es protagonista. Le ha salido un poderoso robaplanos. Aunque verla ahí aprisionada, cohibida, también resulta extrañamente excitante.
Liberado de cadenas y ataduras, el deseo explota: ganas de mamar esa polla. De recorrerla infinitas veces arriba y abajo. De ese capullo desafiante a unos hermosos cojones que a esas alturas ya serían íntimos de mi lengua. Mamar y chupar, detenido en ese momento, como si no hubiera un después. Tener esa polla explorando mi interior mientras esos cojones rebotan en la puerta trasera de mi cuerpo es sólo una posibilidad. Una de tantas excitantes y maravillosas posibilidades.

¿El culpable de haberme seducido? Un señor que anda muy cerca y al que le doy las gracias por haberme dejado volar un rato de su mano. Bueno... quizá no exactamente de su mano...




lunes, 23 de agosto de 2010

Correo de los lectores: "Me vuelve a suceder"

Hoy presentamos a otro lector que se atreve a participara en este blog. Me hace mucha ilusión que a la gente le guste tanto que se anime a contribuir. Si los comentarios siempre me alegran el día, imaginaos lo que es recibir este relato.

Muchas gracias a este par de manchegos, por el buen rollo y la contribución.


Me vuelve a suceder. Parece increíble; más bien diría que es ridículo, pero no puedo evitarlo. Hace ya cinco largos años que mi pareja y yo, tras una larga, densa y profunda conversación decidimos que ambos deseábamos tener sexo con un tercero de vez en cuando. Fue un pacto de pareja donde marcamos unos límites y establecimos unas normas inviolables.

Cinco largos años llenos de muchas experiencias, la mayoría de ellas positivas y que no han hecho sino reforzar nuestra unión en contra de lo que en un principio pudiera parecer.

Cinco años y sin embargo me vuelve a suceder: cada vez que se va a producir un encuentro con un tercero, generalmente un desconocido al que hemos contactado por internet, aparecen los nervios, mi timidez se dispara a límites patológicos, el corazón se dispara y un molesto rubor facial me delata.

La megafonía del aeropuerto anuncia que el vuelo procedente de Barcelona acaba de aterrizar, ya sólo quedan unos minutos para el encuentro con nuestro contacto y siento que las piernas no me sostienen.  Mi pareja es más comedido, también está nervioso, expectante; pero sabe cómo controlar la situación. 

Se abren las puertas corredizas y allí está. Como casi siempre ocurre es irreconocible, bastante distinto de la imagen que nos hemos podido hacer de él basándonos en las fotos que hemos intercambiado. Suponemos que también para él será igual, que tal vez somos muy distintos a la imagen preconcebida.

Un saludo rápido, cuatro palabras de cortesía y le invitamos a subir al coche e ir a casa a descansar y asearse un poco. El trayecto es corto, las miradas de reojo inevitables, la conversación insustancial.

Llegamos a casa y dice que le apetece tomar una ducha rápida, le acompaño hasta el baño para indicarle el funcionamiento y donde están las toallas. Mientras le indico donde dejar sus cosas personales de aseo  me abraza por detrás, sus manos agarran mi pecho, noto su sexo erecto sobre mis nalgas. Me dice en un susurro: ¡La tengo así de dura desde que te vi! Creo que el corazón me va a estallar, acaricio su pene sobre el pantalón, lo noto duro, cálido, húmedo. Me besa el cuello, me giro lentamente y nuestras lenguas se entrelazan en un nudo mágico y sensual.

Ese indescriptible olor a sexo y sensualidad invade nuestros cuerpos. Le dejo solo para que tome su ducha, regreso al salón donde mi pareja espera. Le cuento lo ocurrido, decidimos pasar al dormitorio.

Nos desnudamos y empezamos a acariciarnos, nuestros sexos reaccionan rápidamente. Es excitante comenzar a hacer el amor con tu pareja sabiendo que alguien muy cerca se está preparando para unirse.

No tarda en llegar hasta nosotros, desnudo, cubierto solamente por una toalla que apenas le cubre y que no puede disimular una tremenda erección. Le invitamos a incorporarse. Se arranca la toalla y nos muestra su cuerpo. 

Es el cuerpo de un hombre maduro, proporcionado, armónico, anguloso. Con las huellas que el paso de los años ha ido moldeando sobre él. Nos encantan este tipo de físicos. 

Su pene no es muy largo, pero sí ancho con un glande bien definido, un tallo de venas marcadas. Sus testículos caen armónicamente dentro de un escroto rugoso y proporcionado.

Introduzco mi mano bajo sus testículos, la punta de mis dedos acarician su perineo. Percibo la proximidad de su ano cerca. Introduzco su glande en mi boca. Mis labios se cierran sobre la  corona mientras mi lengua juega con su orificio uretral. Percibo el sabor de su fluido preseminal, el calor de su sexo.

Mi pareja y yo nos abrimos dejándole el lado central de la cama, mientras mi chico comienza a jugar con sus pezones mis labios recorren su pene; me concentro en sus testículos; percibo que eso le produce un especial placer y consigo introducirlos en mi boca. Suavemente mi lengua da giros lentos, se estremece.
Bajo después por su rafe hasta alcanzar su ano. Es un ano definido, carnoso. Comienzo con pequeños besos que pronto dan paso a suaves mordiscos. 

Cambiamos de postura, él se coloca a cuatro patas sobre el pecho de mi pareja ofreciéndole su pene; yo detrás continúo jugando con su ano; ahora más marcado y dilatado que antes. Mi lengua recorre su contorno, se va abriendo paso hacia su interior. Gime de placer  pide parar pues no quiere correrse todavía.

Descansamos un ratito, los tres tumbados boca arriba en la cama disfrutando del momento vivido. De pronto se incorpora y comienza a comerse mi polla. Lo hace con delicadeza, parando en aquellas zonas donde percibe que más placer me produce. Mi chico es ahora el que está comiéndose su ano.

Conozco bien a mi pareja y sé que es  capaz de provocarte un orgasmo jugando con su lengua en esta zona. Es un maestro. 

Desde mi posición veo como una gota de sudor nace de su frente, se desliza por su nariz y cae sobre esos labios carnosos que me están comiendo la polla de forma magistral. Casi me corro. Hace calor, gotas de sudor recorren nuestros cuerpos. Estamos tremendamente excitados.


Me tumbo atravesado en la cama, él se coloca de rodillas sobre mí de forma que su pene queda a la altura de mi boca. Desde esa postura puedo ver su ano dilatado y preparado para ser penetrado.

Mi chico apoya suavemente su glande sobre él, noto como tiembla, como se convulsiona. Introduzco su pene en mi boca mientras mi pareja comienza a penetrarlo suavemente, poco a poco, siguiendo su ritmo. Pronto el enorme pene está dentro. Comienzan los movimientos acompasados, el miembro color canela de mi chico casi sale por completo para volver a entrar hasta el fondo. 

Por mi parte cierro mi boca para ofrecer a nuestro amigo un contacto total. Su capullo golpea mi garganta, con mi lengua aprisiono su pene.

Se inclina y consigue llegar con su boca hasta mi sexo, por un momento perdemos toda noción del tiempo y del espacio. El orgasmo triple es casi simultáneo.

Caemos rendidos sobre la cama, hace calor y gotas de sudor recorren nuestros cuerpos. Sudor mezclado con semen. La habitación está impregnada de ese maravilloso aroma a sexo entre tíos.

Cuando conseguimos recobrar el aliento nuestro invitado me da un profundo beso en la boca y me pregunta con una inolvidable sonrisa: ¿qué, ya se te pasaron los nervios; porque cuando veníamos hacia vuestra casa temí que te fuera a dar un infarto de lo rojo qué estabas?

Comenzamos a reír. Los tres sabemos que este es el inicio de una larga amistad a pesar de la distancia. Mi pareja y yo también sabemos que la próxima vez que tengamos una cita con otro desconocido me volverá a suceder.

sábado, 24 de julio de 2010

Correo de los lectores: maduro en los 70

El otro día, navegando por los perfiles de la red, encontré un morboso maduro peludísimo:


Visto en perspectiva, la cosa no hacía más que mejorar:


Y ya me dio vértigo cuando leí la edad que tenía: 73 años.

73 años y buscando guerra
73 años y haciéndose fotos como éstas


73 años y buscando aún culitos donde meter la polla
73 años y provocando de este modo

No pude evitar mandarle mensajes tirándole los tejos. De esa conversación salió un mail que contenía estas fotos y su permiso para ofreceros públicamente la visión de un cuerpo tan morboso. No me dejó poner el link a su perfil, como en otros casos. Pero que sepáis que este hombre anda por ahí y tiene ganas de vosotros...

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