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sábado, 14 de abril de 2012

Chorreos

En esto de los blogs subidos de tono hay una tendencia a exaltarse y dejar caer lo primero que uno (no) piensa. Cuántas veces no habremos visto en los comentarios expresiones de "Quiero que este hombre blablabla" o "Yo a este tío le haría blablabla". 

Siempre me han hecho gracia porque suelen condensar de un modo muy transparente y honesto lo que yo intento adornar con palabrería superflua. Así que he decidido dar rienda suelta a mis bajos instintos de vez en cuando y dejarme de redacciones. Soltarlo a chorro. 

Cuando me topo con uno de mis fetiches en grado superlativo es imposible desligarlo de la práctica concreta a la que van directamente conectados. Lo contrario sería raro. Como decir que te encantan las pollas largas y gordas pero luego correrte sin bajarle los pantalones.

Por eso, además, esto sirve de juego con mis sufridos lectores. A ver si con el chorreo que suelto sobre el maromo en cuestión llegáis a ver de dónde viene mi exaltación. Cuál es el elemento que desencadena mis deseos más puros.


"¡Pégame! ¡Zúrrame!  ¡Castígame! Sacude mi cuerpo hasta las entrañas. Destroza mi esfínter con tus manazas. Dame la vuelta como un calcetín. Prométeme que cuando me hayas dejado exhausto y acabado me dejarás sollozar contra tu pecho."






"Cómeme el culo como un animal. Espero que no te asusten mis gemidos. Sé que no son muy masculinos, pero no me imagino cómo puedo aguantar el tipo con un huracán de pelo duro arrasando entre mis nalgas. Ya verás que es una zona sensible. Pero cuando veas que se pone roja de un modo alarmante... aprieta más fuerte".





"Voy a tragarme tu polla hasta los cojones, No digas nada. En ningún momento".



miércoles, 16 de marzo de 2011

El té de las cinco

Los mamones integrales gozamos jugando con los cojones de nuestros amantes. Nuestras insaciables bocas desean llenarse también de esas bolsas quehan dado incluso nombre a una actividad sexual: tea bag.


Una de esas fotos perfectas hasta en el último detalle: las arrugas del glande, la barba y bigote del mamón, su cráneo afeitado, la barriga del mamado...

Lo de meterse los cojones de un tío en la boca, enteros y a pares, es pura voracidad. Una hipérbole análoga al fist fucking. Ganas de forzar el límite de un modo que nos excita en sí mismo. Incluso si los huevos son pequeños, hay un sentimiento de logro delicioso. Confío en que el gustito proporcionado sea por lo menos comparable.

Por otro lado, los testículos no dejan de ser la zona más frágil de nuestra anatomía. Un golpe mal dado y podemos arruinar no ya el acto sexual concreto sino incluso la vida entera del otro. Disponer de ellos es un acto de importante intimidad y confianza.



Por eso, cuando la cosa se pone violenta, hay un plus de morbo. El tea bag no lo es todo: a mí por ejemplo me encanta succionar el escroto. Estirar el pellejo y hacer bailar el testículo. Sacudir al otro desde lo más hondo. Tiene su arte, porque con la erección todo el conjunto tiende a hacer piña y replegarse contra la base del pene. Los cojones se ponen pequeños y duros y ya no son tan disfrutables.

En mi experiencia encontré sinergias interesantes con una actividad que, casualmente, es adorada por osos y/o maduros: el face sitting.


Esta es, posiblemente, una de las prácticas más infraexplotadas que existe. Por lo menos en mi experiencia. Al final he acabado asociándola con viejos orcos que confunden ejercer su autoridad con expresar una desidia totalmente inaceptable en un encuentro sexual. Pero eso es materia para otra entrada...



sábado, 5 de marzo de 2011

Memorias con Adriano

Adriano Márquez fue mi primera obsesión pornográfica. Él era la estrella de la primera revista porno que cayó en mis manos. Hasta ese momento mis recursos estaban limitados a mi imaginación, que buscaba alimento en situaciones cotidianas libres de toda connotación sexual (vecinos, profesores, anónimos de la calle). Pero de la mano de Adriano descubrí un universo nuevo de provocaciones explícitas. Recuerdo haberme masturbado infinitas veces ante esta fotografía:


Es increíble cómo, en ese momento, el simple hecho de ver el pene de otro hombre de este modo tan directo me transportaba a otra dimensión. Se producía una de esas situaciones que he descrito alguna vez de: "¿Soy yo viendo esto de verdad?". Obviamente, la responder afirmativamente a la cuestión uno también está afirmando su condición sexual. En un ambiente libre de traumas, dos más dos suman cuatro: si verle la polla a Adriano te excita, es que eres homosexual. Como mínimo.

Con el tiempo me desmarqué radicalmente de este arquetipo de chulo. Notará el lector que Adriano no tiene un sólo pelo en el cuerpo y el que tiene, se lo recorta. Pero si el lector es fiel identificará factores que hacen que el hombre me pierda: perilla, entradas y unas manos preciosas. Bueno, y el estampado de leopardo, que le da ese aire cutre que tanto  me mola.



Echando la vista atrás me sigue sorprendiendo la inocencia de aquellos tiempos. Una parte importanto del efecto turbador que el porno tenía en mí en aquella época nacía del hecho de poder contemplar cuerpos "acabados". Desde mi perspectiva de adolescente a medio hacer, encontrarme con cuerpos rotundos como éste eran casi una revelación de lo que yo mismo podía llegar a ser. Los chicos que tienen ahora la edad que yo tenía cuando descubrí a Adriano ya están hartos de comerse pollas por todos los agujeros, claro. Son otros tiempos.

Siguiendo la trayectoria de Adriano descubrí muchas cosas sobre mí mismo. Por ejemplo, que una buena perilla potencia el atractivo de cualquier macho:



También, que el ojo del culo de un tío era material de alto interés erótico:


 Es más: me enamoró el hecho de que Adriano fuera un pasivo excepcional en sus pelis, teniendo como tiene esa pinta de macho redomado. Tiene una escena que es una delicia camp en la que hace de macho latino, con sus cadenas y su bigotillo, y acaba enculado ante la pasmada mirada de su novia. Más tarde llegarían escenas mucho más plásticas en las que un Adriano con barba es follado por Francesco D'Macho. Todo lleno de brillos y filtro de lente que tiene el porno comercial americano.

Así es Adriano. Tanto te hace un posado en la playa que ni Ana Obregón, como se deja meter profilácticamente un puño.


Durante mucho tiempo le perdí la pista a Adriano. Era como un ex del que guardas muy buen recuerdo. Esos con los que acabas follando irremediablemente cuando te los encuentras por casualidad. Yo me daba más al tema oso y a los tíos de carne y hueso. Donde haya un rabo de verdad que se quita uno impreso en un papel.

Pero Internet y el porno fácil me trajeron a Adriano de vuelta. Lo mejor es que ahora es madurito de verdad. Bueno, está en los 40. Y al repertorio clásico ha añadido mayor aplomo y, sobre todo, canas. Muchas canas.

Y un puro.


domingo, 30 de enero de 2011

Fist fucking

Uno de los hilos que tengo pendiente de ir desenredando este año en el blog es mi relación con el sadomasoquismo. Algún apunte he dado ya de mi concepción del tema, pero no he entrado aún en materia. Al tiempo. De todos modos, como apunto en esa entrada, para mí es una cuestión de dominación-sumisión más que un asunto de sadismo y masoquismo. Las situaciones tópicamente SM, para mí, requieren de un contexto que les den sentido. Por tanto, todas, absolutamente todas, son perfectamente disfrutables fuera de una pantomima sado.

Por ejemplo, el tema que nos ocupa: el fist fucking. Para el caso: dilatación anal extrema. ¿Por qué vestir de cuero algo que es tan divertido?


Algo que los 100% activos jamás entenderán es que el pasivo es el que más trabaja durante un polvo. Conseguir que los esfínteres colaboren en el momento de la penetración es algo que requiere de una concentración tan fisiológica que carece de todo componente sexy. Los maduros que me leen sabrán a lo que me refiero. Porque por activos que sean en la cama, espero que todos tengan en regla sus colonoscopias.

Ahí empieza el valor de un buen pasivo: se lo curra para que todo vaya sobre ruedas. Fluido. Incluso es probable que ensanche su recto en casa con ejercicios diarios. Hace los deberes. Se prepara para lo que tenga que venir. Como activo, para mí, no hay mayor insulto que: "Me puedes follar si no la tienes muy grande". Esta maligna frase encierra un universo de pereza y autocomplacencia horribles. No me extraña que te hayan follado poco, tío, con esa mierda de actitud.

Por tanto, cuando empiezas a ser penetrado por hombres como norma general, lo normal es preocuparte de esa parte. Ocuparte. De forma natural, vas jugando con la dilatación anal de un modo muy consciente. Y cada paso más allá es un logro. Un placer. Aunque estés solo con tus juguetes. Es satisfactorio a muchos niveles. La progresión natural te lleva a plantearte un objetivo concreto: que me quepa una mano.

Pero para eso necesitas la colaboración de alguien que sepa lo que está haciendo. Lo que se necesita es muy simple, pero irónicamente difícil de encontrar: conciencia. Un tipo que tenga la cabeza sobre los hombros y sepa lo que hace. Con empatía por el otro. No sirven macarras de mazmorra de los de "escupitajo y hasta el fondo". De nuevo, la sombra de la fría y anticlímax visita al médico se cierne sobre la experiencia. Pero mejor eso que un desgarro anal, aunque sea lleno de morbo y artificio.


Encontrar un fister dispuesto requiere rondar el terreno del SM. Me sobra con una mano para contar la gente que he conocido dispuesta a jugar a esto en una relación "vainilla". Siempre se me ha escapado un poco la íntima relación del fist con el SM. Porque no creo que sea algo básicamente humillante. Ni doloroso. Es extremo, en cualquier caso. Forzado, si se quiere. No surge de modo natural. Aunque meterse a definir lo natural en una relacion homosexual es un jardín en el que no me pienso meter. Tampoco diré que sea romántico, pero os juro que la sensación de intimidad con la otra persona en estas situaciones también es extrema. Emociona, y mucho.

Pero posiblemente soy yo el romántico retorcídisimo. Capaz de ver ternura en algo grosero y violento.

Me perturba la violencia contenida en la postura del pasivo.
Parece que lo hayan empotrado contra el culo del otro.
Para el caso, dos cubos
Cierto: hay cosificación en la figura del fistee. Y no negaré que hay un paralelismo cruel, pero que refleja de un modo rotundo el factor de dominación-sumisión de la escena:


Pero qué le voy a hacer... soy como soy. Y no puedo evitar que imágenes como la de abajo me parezcan HERMOSAS.


La iluminación, la mejilla del fister apoyada en el cuerpo del fistee, la tensión en los músculos del pecho hasta el codo, la profundidad de la penetración, la aparente tensión en la hendidura de la espalda del pasivo... Pero lo  más bonito... la mano del activo en el vientre de su amante. La mano que podemos ver, quiero decir.
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