viernes, 26 de marzo de 2010

El morbo de follar a pelo

No pretendo hacer apología del bareback. Incluso si he usado la palabra “morbo” en el título es porque viene del latín morbus: ENFERMEDAD.

Pero en la vida del cazamaduros lo del condón cuesta:

Por generación 

Los nacidos a partir de los 70 hemos desarrollado nuestra sexualidad con toda la información disponible y con el uso del preservativo naturalizado. Pero los maduros de hoy son los que empezaron a tener relaciones sexuales antes de la oleada del SIDA. Se tuvieron que adaptar. Algunos lo consiguieron, otros no.

Por heterosexuales 

Según mi experiencia, el hombre casado (y maduro) asocia condón con contracepción. La preocupación es dejar embarazada a la parienta. Pero si la mujer toma la píldora o no hay posibilidad de embarazo por cualquier otro motivo, se folla a pelo. Es como si los casados no fueran promiscuos o no pudieran contraer enfermedades de transmisión sexual.

Por tanto, para un casado lo de tener un desliz con el culito de alguien tiene riesgo cero. Morbo mil. Claro.

Por impotentes 

“Es que si me pongo goma se me baja enseguida”. Poco más que añadir, ¿verdad? Todos lo hemos oído e incluso dicho alguna vez.

Por sórdidos 

Follar en un bosque o un descampado tiene serios problemas logísticos. Cuando entras en una sauna te dan un solo condón, aunque luego hay zonas claramente diseñadas para el sexo en grupo.

A veces el sexo ocurre. Puede que no estés depilado. Puedes llevar un frenazo en el calzoncillo. Puede que no se te haya pasado por la cabeza llevar un condón en la cartera.


Repito: no quiero hacer apología de nada. Pero éste es mi blog y ésta es mi experiencia. Mi primera penetración fue con un hombre casado. A pelo. Estuvimos follando durante mucho tiempo, siempre a pelo. Creo que esa relación me marcó.

Después de él vinieron más. Yo era joven y lo que quería por encima de todo era gustar. Por tanto, siempre dejaba que el otro manejara la situación entera, incluyendo el tema del condón. Por supuesto, una inmensa mayoría de ellos ni siquiera mencionaba la posibilidad de usarlo. Para mí, que había sido iniciado sin la necesidad de usarlo, ya estaba bien.

Yo no me compré mi primera caja de preservativos hasta 4 ó 5 años después de haber empezado a mantener relaciones sexuales. Y creo que caducaron la mitad. En todo ese tiempo hice verdaderas locuras. Iré contando algunas de ellas. También me he llevado varios sustos. Espero contar algunos de ellos igualmente, porque forman parte de las experiencias que cuenta este blog.


Insisto: no quiero fomentar el bareback. Es más: lo que quiero fomentar es el sentido de la responsabilidad y la madurez en el sexo.

Estamos en un momento delicado. Parece que los contagios de VIH repuntan. Hemos reducido el SIDA a una enfermedad crónica de ésas de tomarse cuatro pastillas. Ésa es la idea con la que se inician en el sexo los veinteañeros de ahora. Y la guardia se baja. Y siempre hay otro tío queriendo hacerlo a pelo.

Pero precisamente por todo esto sí que tengo necesidad de decir algo a través de este blog. Sobre todo a los chicos jóvenes que puedan leerme:

Si folláis a pelo, que no sea por NINGUNA de las razones expuestas más arriba. Que NADIE os imponga lo que tenéis que hacer. Muchísimo menos si es con algún argumento cutre esgrimido por un tipo que se cree más listo que tú. No hay ningún motivo racional por el que se folle a pelo, así que las cartas sobre la mesa. Follar a pelo es solamente 

POR VICIO

Esto NO ES SEXY

martes, 2 de marzo de 2010

lunes, 1 de marzo de 2010

Fetichismos: manos


















Una mano hermosa. Grande, de dedos largos. Nudosa pero sin aparentar más edad de la que tiene.
Bien abierta, contra la piel del otro. Me gustan los contrastes de piel contra piel de jóvenes y maduros.
Me excita la seguridad que desprende esta mano.

La otra parece más fina en comparación. Está ocupada procurando el placer ansiado.

En cualquier caso, el resultado es que el culo del chavalín es poco más que un saco encima de la mesa. Seguro que goza con la mamada, pero el que manda es el otro.

domingo, 28 de febrero de 2010

El lenguaje de las manos

Me fijo mucho en las manos de un hombre. Lo obvio: deben ser viriles, fuertes, nudosas, peludas y al mismo tiempo elegantes y gentiles. Duras pero limpias.

 
Exacto: lo que menos me interesa
de la foto es la polla


Además del simple aspecto, me excita mucho lo que uno puede hacer con las manos. Sin ir más lejos, el dibujo de la cabecera del blog me parece perfecto por muchos motivos, entre ellos lo que hacen con las manos sus protagonistas:

El maduro manda. Rodea la cintura del jovencito y lo agarra por encima de las nalgas. Hay algo de tierno en el gesto y a la vez está diciendo “No te escaparás”. La otra mano controla la polla: ordena y dosifica. No hay ningún otro sitio al que ir que no sea el que esa mano elija.

El jovencito SE agarra. No decide. Las piernas de su amante son un salvavidas y coloca las manos ahí donde puede, pendiente de no dejar escapar el rabo de su hombre. Poca opción le queda incluso con la postura que le dejan adoptar.

El autor, Josman, me parece un verdadero genio. Espero ir hablando de él en este blog. Pero no deja de reflejar lo que pasa en la realidad.


En esta pose típica; las manos del activo en las caderas del pasivo. Simple y natural. Con un reconfortante valor de “las cosas como tienen que ser”. No me gusta el pasivo en esta foto. Sus manos no mienten: están laxas y sin interés.


Este pasivo es otra cosa: “dame más, hazlo así, te lo pongo fácil”. Hacer de pasivo no es ser un mueble.

Tengo muchos ejemplos, pero os los voy a dosificar. Esto no pretende ser un blog de recogida de material porno. Me apetece contaros las cosas poco a poco, con detalle. Me gustaría que comentarais también lo que os sugiere cada imagen. ¡¡Espero que os parezcan más sugerentes que los textos!!

sábado, 27 de febrero de 2010

Ejecutivo agresivo

Por mucho que me gusten los hombres brutos, básicos y de comportamiento primitivo lo mío son los caballeros. Un capataz de obra o un sargento chusquero son formas poco refinadas de autoridad que funcionan en momentos determinados. No siempre apetecen. Pero la calmada refinación de un hombre de negocios me subyuga desde que me levanto hasta que me acuesto. Norma Duval y yo no somos tan diferentes, al fin y al cabo.

Prefiero el hombre en traje y corbata al militar o el obrero. Las corbatas a los petos de trabajo. Los zapatos relucientes a las botas tochas. Los calcetines negros a los calcetos curraos.

A fin de cuentas tanto unos como otros acaban desnudos, haciendo las mismas cosas más o menos. Sudando y gruñendo como cerdos. Con la polla metida en algún caliente recoveco de un cuerpo prestado. O a cuatro patas con el recto removido a golpe de cadera.

Esta depravación en sí ya me mola. Pero me interesa mucho más si la cosa empieza más atrás. Cuando se pervierte la imagen seria y responsable de un hombre cabal. Que un tío sucio y bruto te pida cosas sucias y brutas como que le metas el puño o te tragues sus lapos entra dentro de su estereotipo. Pero que un refinado caballero quiera rociarte de arriba abajo con su meada es una transgresión fantástica.

Craneo perfecto, traje inmaculado, pose elegantísima, polla fuera.


De nuevo aparece en este blog el rollo freudiano: me gusta el hombre en traje; que es mi padre, que es mi profesor, que es el señor del banco, que es el que manda en el mundo. Me excitan las corbatas; que son falos de tela. Por tanto, busco pollas enormes, que se enrosquen, que me deslumbren con sus colores como si fuera un animal de la selva en rito de apareamiento.

La culminación de mi fetichismo con los trajes: camisa abierta mostrando un torso peludo y la corbata colgando. La mamada es inevitable.


Es curioso, porque incluso el tío más rematadamente bestiajo ofrece una estampa impresionante en traje y corbata. No tolero el disfraz a la inversa y me río con los chicos buenos que se ponen una gorra de cuero y piensan que son malos. Pero me pongo como una moto con los chicos malos que juegan a ser buenos.

 Lo de los pezones también sería imposible de aguantar.


Lo peor del caso: que sólo una vez en la vida he encontrado un hombre con traje y corbata dispuesto a complacerme el fetichismo. Triste, ¿verdad?


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sábado, 30 de enero de 2010

El mito del jovencito ultra pasivo

Vale la pena tener un blog anónimo para poder poner decir algo así a bocajarro: me gusta que me follen. Me vuelve loco que me metan una polla por el culo. O dos.

Por eso me pasé hasta los 20 años poniendo el culo exclusivamente. No me arrepiento, porque lo pasé de putísima madre y disfruté muchísimo. Pero ahora me doy cuenta de que dedicarse a ser pasivo siempre es como comer sólo helados de chocolate. Si no te gustan los demás sabores, vale. Pero por lo menos hay que probar los de limón antes de descartarlos para siempre.

Los jóvenes tendemos a quedarnos en el helado de chocolate por varios motivos. Por supuesto que la escandalosa proporción de pasivos respecto a activos, en general y sin entender de edades, tiene mucho que ver. Pero también lo que he dicho ya en otras entradas: cuando buscas tus primeros machos über masculinos lo más fácil es dejarte llevar por las convenciones sociales y la inexperiencia.

Un clásico: jovencito lampiño ofreciendo su ojete dispuesto a varón de panza peluda.

Y un über macho es activo. Siempre. Poner el culo es de afeminados. Esto es válido en todo el amplio espectro de virilidad: desde los tíos que son tan tan hombres que travisten a sus amantes masculinos y llaman al ano “chochito” hasta los tíos normales que simplemente no se ven abriendo el esfínter para dejar paso a lo que tenga que venir.

También está lo que dije en mi anterior entrada: es normal que siendo inexperto se ceda el rol activo a quien sabe manejar la situación. Algo que en el fondo me ha parecido paradójico porque tiene más complicación saber dilatar satisfactoriamente que mantener una erección.

De hecho lo de los hombres dominantes es aún más curioso. Los hay que prefieren renunciar al sexo anal porque es evidente que prefieren el rol pasivo. Pero, metidos en sesiones SM, antes muertos que ser follados. Con lo obvio que resulta usar el pene del sumiso como un instrumento de placer…

Osaco con pinta de cerdo martirizando el ojal de un chavalín indefenso.

Por eso poco a poco mi concepto fue cambiando. Normal, si me enfrenté a situaciones delirantes como tipos que me rechazaban porque su concepto de sexo era únicamente penetrar chicos más bajos que ellos. Si eso no es renunciar al sexo por un complejo que venga Dios y lo vea.

Con 20 años descubrí que me gusta follar. Mucho. He desarrollado un fetichismo extraído claramente de las pelis porno: me encanta mirar cómo mi polla entra y sale del culo de un tío.

Por fin, la vuelta de tuerca: efebo de pubis rasurado sodomizando a un bestiajo peludo. ¿Quién lo iba a decir?

Entre los maduros pasivos he conocido muchos tipos diferentes. No puedo negar que muchos hombres mayores mantienen la mentalidad de siempre y muestran su lado más femenino cuando son follados por un joven potente. Tampoco puedo negar que eso me encanta.

Pero lo mejor, el momento en que llegué a disfrutar del sexo del modo más intenso, fue cuando empecé a conocer a tíos versátiles de verdad. Hombres con los que no hay que preocuparse de tener ésta o ésa actitud porque ahora te toca tragar polla y al minuto siguiente estás clavando la tuya hasta el fondo. Me excita esto en una sesión de sexo: que no haya un guión ya escrito de lo que va a pasar. Jugar, descubrir y que salte la sorpresa.

Por delante y por detrás. ¡Éste es mi papi!


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domingo, 24 de enero de 2010

Sumiso se nace

Los ambientes bear y leather/SM son bastante complementarios. De un tipo viril se suele esperar una fuerte presencia física también. Era bastante inevitable que, teniendo ya los dos pies en el primero, acabara tonteando con el segundo.

La cosa quedó sólo en un tonteo porque parece que mi concepto personal de la dominación/sumisión es demasiado simple y natural para el modo en que la gente ornamenta el tema.

Por un lado están los esteticistas. Gente a la que le pone a mil la sola visión de un arnés. El poder visual del cuero es innegable. Cada uno vive sus filias como quiere. Pero para mí alguien VESTIDO DE cuero no es alguien dominante. O sumiso, para el caso. Yo simplemente no puedo seguirle el juego a alguien disfrazado. Prefiero que haya cuero y no haya siquiera actitud de dominación.

¿Quién les ha dicho que la gorra esa es morbosa? ¿Puede ser el chaleco más barato? ¡Pero si los cristalitos de los brazalates tienen brillitos como los de Paris Hilton!
Luego están los que montan el espectáculo. Hay de todo. Desde tipos que se ponen a mil insultándote por el chat sin intención alguna de quedar hasta los que disponen de caros efectos especiales. En este caso tampoco diré que es una opción mala o que ni siquiera me guste. Pero yo lo vivo con mucha más implicación y estas sesiones me parecen demasiado artificiosas. De puertas para fuera. Y para mí la sumisión va por dentro.

Cirque du Soleil presenta su nuevo espectáculo
De nuevo bordeo el tema freudiano en este blog. Pero no puedo escapar. Si te gusta una figura sospechosamente paterna es lo que hay. Cuando eres adolescente y estás poco follado de un modo evidente la situación misma lleva a que el experimentado lleve la voz cantante. Chupa aquí. Ponte así. Ábrete. Ciérrate. No te corras aún. Trágate esto. Por eso los jovencitos tienen tan mala fama: confunden pasivo e inexperto con mueble. Pero eso nos pasa a todos hasta que aprendemos.

¿Alguien necesita ALGO MÁS para hacer todo todito lo que diga este hombre?
Hay quienes, como yo, estamos especialmente cómodos en este abandono a la voluntad del macho. Para eso hay que estar hecho de cierta pasta especial. Yo me siento cómodo con las normas, las jerarquías y las cosas categorizadas y definidas de este mundo racional en el que vivimos. Soy un buen chico, obediente y educado. Disfruto haciendo favores, incluso más si me cuestan un esfuerzo especial. Vivo el sexo igual que vivo todo lo demás. Por supuesto que lo separo: no hay nada erótico en subirle las bolsas de la compra a la viejecita del tercero. Pero mi principio mental es el mismo que cuando le lustro las botas con la lengua a un hombre que me estará penetrando en diez minutos.

Ah, y también es el mismo cuando follo con alguien al que no le gusta el SM. Si veo que le gusta mimoso y tierno, lo lleno de besos y caricias. Complacer, para mí, es eso.

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